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Changminizada Yuuki Fic's

lunes, 16 de agosto de 2010

Tags y....


Hola de nuevo, volvi a full :D

Les queria comentar que hare un tag para las autoras, es decir como un directorio de los ficos de nuestras loveables autoras *_______*
Asi si tienen ganas de leer algun trabajo de X autora lo encuentran sin problemas.

Ojala esto ayude a que sea mas accesible y facil de usar el blog >.<

Tambien estaba pensnado en cambiarle la imagen al blog, pero como soy ta mala para estas cosas tendre que pedir ayuda por ahi jejejeje

Prometo actualizar mas seguido^^. Se viene un fic precioso MinSu entre otras novedades :D

Este Minnie chibi principito *-* hecho por mi querida yuuki *0* Lo quiero usar como nuestra mascota del blog (ojala no se moleste)

Si deseas enviar tus changminadas (ya sean fanfics, fanarts y otras frikadas) hazlo a:

changminyaoi@gmail.com

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Juego de niños cap 5


¿El gato…?




-¿Te falta mucho?- preguntó Jaejoong jugando.

-Ya casi termino- respondió Yunho peinándose con toda la parsimonia que le era posible. Observaba a través del espejo cómo Changmin guardaba sus cosas y echaba la ropa sucia en el canasto.



-Ven- Jaejoong se acercó y comenzó a acomodarle el cabello a su gusto. El toque delicado de sus dedos le provocaba una sensación placentera así que lo dejó hacer. Lo tenía muy cerca. Se fijó en su piel tan blanca y tersa. -Ya- anunció sonriendo-, ahora te ves más guapo-terminó pellizcándole la mejilla.

Instintivamente volteó: Changmin le dirigió una sonrisa burlona y salió del vestidor. Eso no le preocupaba… pero, ¿qué, no se había dado cuenta?

-Vamos- dijo tomando el brazo de Jaejoong y arrastrándolo con él.

Ya iban a llegar la salida y ni una buena señal. Yunho vio entonces en el cuello de Junsu: traía un collar de obsidiana con un dije en forma de punta de flecha.

-Me gusta tu collar, no lo había visto- comentó casual, mirando de reojo a Changmin.

-Esta genial, ¿verdad? Me lo regaló…me lo dejaron en una carta- contó con entusiasmo.

Changmin se palpó el cuello, luego buscó en su mochila.

-Ahora vengo- dijo con aprehensión y salió corriendo.

-Voy a ver qué pasa, después los alcanzamos- dijo Yunho y se fue detrás de él.

-Yo también voy-terció Junsu, pero Jaejoong lo tomó del brazo.

-Vámonos, Yunho dijo que nos alcanzaban.

Iba a través del pasillo. Vio cómo el menor entraba a los vestidores. Se detuvo, trató de controlar su respiración.

No lo podía creer, realmente el ratón había corrido hacia la ratonera. El mero pensamiento le causó un escalofrío. Inhaló; contuvo el aliento; se desabrochó el cinturón; exhaló y sonrió con gusto. Repasó una vez más lo que haría. Entró con pasos silenciosos.

Changmin buscaba debajo de las bancas, después fue a asomarse al bote de la ropa sucia: era el momento. Se acercó a él con rapidez, le agarró los brazos y los amarró sobre su espalda con el cinturón. Sintió cómo el otro tiró con fuerza sorprendido pero antes de que pudiera hacer algo lo derribó, dejándolo boca arriba. Inmediatamente se sentó sobre su cadera.

El otro trataba de zafarse pero era inútil, él mismo aplastaba sus manos y el peso de Yunho ejercía la presión suficiente para inmovilizarlo.

-¿Qué crees que haces, idi…?- comenzó, pero Yunho cortó la oración con su mano.

Acarició su rostro, su cuello.

-Qué linda mascada traes puesta. Creo que nos será útil- La desenredó y la llevó a su nariz-. Huele muy bien…
huele a ti- deslizó con voz sensual.

Liberó entonces la boca de Changmin un momento.

-Quítate de encima, imbécil- escupió el otro con rabia.

-Deberías ser más cariñoso con tu Hyung- le dirigió una sonrisa traviesa.

Tomó la mascada con ambas manos y se la acercó. El otro bufó enojado. Yunho lo tomó bruscamente con una mano y con la otra metió la tela en su boca, luego le levantó la cabeza y la ató.

Changmin le lanzó una mirada de desprecio.

Yunho se acercó a ese rostro.

-No tienes idea de lo sensual que te ves- murmuró por encima de la mordaza, enfrentando esos ojos ferales.

Pronto haría cambiar esa mirada.

Tomó la orilla de su playera y la alzó, revelando el lienzo en blanco que pronto coloreó con el armonioso paso de sus palmas, con la presión de sus dedos en los bordes de sus músculos.

Repentinamente agarró su hombro y lo azotó contra le piso al tiempo que deslizaba su rodilla y aseguraba su muslo, anticipando su reacción. Dejó caer su propio cuerpo, pegándolo al otro. Percibió su embriagante calor con mayor intensidad. Acercó su cara a la clavícula, exhaló lentamente sobre la piel expectante mientras se dirigía hacia su pecho. Besó la carne firme, la atarazó con sutilmente, lo plugo su firmeza y el ligero temblor que la sacudió. Continuó besando el trozo, dibujando con su ansiedad una sensible cerca para el glorioso botón que se alzaba bermejo entre el campo de salvado, mientras que su mano libre se coló en su manga para acariciar su hombro y explorar con la palma la armonía de su sedosa curvatura.

Respiraba lentamente apropósito, queriendo marcar como suyo ese cuerpo con el efluvio de su aliento.

El otro comenzó a removerse.

Yunho se dirigió al otro cuadrante de su pecho, plantó su lengua caliente muy cerca del centro; recorrió con ella la aureola, captando la rugosidad de la piel al endurecerse, para luego complacer su deseo de capturar esa rosa cerrada. El pecho de Changmin se tensó y su repentina exhalación le acarició el cabello. Libó la grana con suavidad, la sostuvo entre sus labios; repitió el ciclo varias veces y después sopló encima, obligándolo a temblar. Mientras, su mano seguía recorriendo sus antebrazos, su cintura, marcando sus huellas en la cadera exquisita.

¿Cuánto soportaría Changmin antes de entregarse?

Dejó a su mano continuar, ahora con un ritmo más lento. Sus dedos se infiltraron por el resorte de su pantalón, acariciaron su vientre, rodearon su sensibilidad, penetraron en su ingle y la acariciaron incontables veces antes de pellizcar sus muslos lentamente, atrapando la deliciosa textura de la carne.

-No basta con eso, ¿verdad?- zahirió bajo, plasmando el deseo de su voz en una delicada mordida en el lóbulo.

Changmin resopló con enojo y evidente deseo frustrado.

Yunho regresó a su segura posición sobre la cadera de Changmin, se quitó la chamarra y se desabotonó la camisa con dedos trémulos por la ansiedad de llenarse con el tacto de ese torso divino. Se inclinó, uniéndose finalmente a su pecho, fundiéndose prácticamente en esa sensual hoguera que lamía su cuerpo con confortables llamas. Le rozó el cuello con los dientes, presionó su pelvis con violencia, la cadencia de las olas de su cadera oprimía el venoso malecón de piedra cada vez con más vigor, lo sentía erigirse entre raíces de fuego que lo cercaban a él también.

Sentía cómo el deseo de los dos se unía en el vértice en medio de sus cuerpos. La carne hirviente, palpitando en su desesperación, la respiración agitada, el deseo oprimido por ese pecho que se inflamaba a la par del suyo. Dejó los jadeos manar con libertad, no tenía caso tratar de contenerlos. Los erógenos brotes de voz de la garganta de Changmin se estrellaban en sus oídos y florecían trémulos en los puntos donde sus cuerpos se empalmaban.

-Te gusta, ¿verdad?… ¿Sientes mi deseo también?- preguntó con voz entrecortada, mientras regaba apasionados besos por su mandíbula y restregaba su cuerpo contra la cómoda calidez del otro. El vaivén de ambos en perfecta armonía, el bullente flujo de sangre chocando contra las palpitaciones de su otro.

Sintió deseos de unir sus labios… Besó su barbilla y sus mejillas con sutileza. Mordió la mascada, subiéndola un poco, y lamió esos labios despacio. Desamarró la tela y la apartó; la sensación del tejido sobre su boca la sensibilizó. Se quedó suspendido sobre el rostro de Changmin, mirando sus labios tersos, rozándolos apenas. Presionó su pecho y su cadera hacia abajo con ímpetu. La boca se entreabrió bañada de voz deseosa. Sus labios desérticos fueron recibidos con la deleitosa humedad de un cántaro suave y su lengua fue mordida con una suavidad inesperada. Se hundió en aquel sabor, en la riquísima sensación que le proveía ese oasis delirante. Pero no, no debía dejarse llevar aún. Cerró sus labios, capturando los otros para soltarlos después, se separó muy despacio, queriendo conservar la impronta de ese beso.

Sus manos bajaron describiendo su silueta, su boca descendió por el canal de su torso, oprimiéndose contra él, atrapando la carne y saboreándola despacio. Sus oídos aguzados esperaban cualquier gota de voz para beberla jubilosos.

Al llegar, su lengua trazó círculos alrededor de su ombligo para luego penetrarlo sosegadamente. Poco a poco fue bajándole el pantalón, sus acciones acompañadas de vaho sobre su vientre, de besos sembrados en las franjas de sus ingles, caricias húmedas en sus muslos. Percibía complacido cómo esas piernas respondían a sus caricias temblando ligeramente. Embriagado de ese aroma, retacado con la sensación del otro, atrevido, comenzó a lamer su cadera con parsimonia, acercándose poco a poco a ese punto peligroso a través de la línea de su pelvis. Miró a Changmin, relamiéndose los labios. Sus miradas se encontraron, se disolvieron cálidas en un lugar lejano, desconocido. Concentrado en esas pupilas sofocantes, besó el vértice, lo oprimió con su lengua, arrancando un sonoro jadeo que explotó en miles de toques eléctricos a través de su cuerpo. Sonrió, inconsciente de la satisfacción y la sensualidad que expresaba su rostro. Inhaló y exhaló pesadamente sobre ese punto de nuevo. Se empapó de la sensación de aquél cuerpo trémulo debajo del suyo.

Se contuvo.

-La siguiente escena la dejaremos para después- dijo simplemente, se levantó y salió de la habitación con pasos largos y cadenciosos. No quería demostrar su premura por salir de ahí antes de que Changmin se liberara y fuera a romperle un brazo o algo.

El sonido de la puerta al cerrarse detrás de él le permitió caminar más a prisa. Buscó un lugar solitario: detrás de las escaleras había una puerta más baja que el resto. Se metió ahí.

Respiró hondo, tratando de calmarse. Temblaba de arriba abajo, sus sentidos estaban embotados. Todo parecía irreal de repente.

Puso el seguro de la puerta y dejó que el deseo de plomo que aún corría por sus venas se disolviera entre sus manos. Recuerdos, cuadros engalanados y sensaciones revividas en un compás lento, y el aroma ocre de su pasión desbordándose en un rincón oscuro.

~ o ~

Sacó el teléfono de su bolsa y marcó el número.

-¿Sí?... ¿Te interrumpo?... Mm, no, prefiero ir a otro lugar… Sí. Te espero en el salón The Sky del New Otani Garden… En Akasaka… Bien… Nos vemos.

Colgó con un suspiro pesado.

¡Qué más daba! La verdad, en ese momento no quería estar rodeado de gente, era como si tuviera algo preciado entre las manos y no quisiera que los demás lo vieran. Aunque le inquietaba un poco el qué diría Changmin si no lo veía en la reunión.

Paró un taxi y se subió.

¿Pensaría que estaba huyendo?... Mm, no. Había terminado en una buena posición. Rió bajo ante el doble sentido. Quizá podría interpretarlo como que estaba jugando con él, aunque ése no era su estilo… No lo había pensado pero hasta podría resultar ser una buena táctica. Obviamente no sería suficiente jugar con las reacciones de su cuerpo, debía jugar también con su mente ya que era una persona compleja.

Miró por la ventana: las aceras se desmoronaban ante sus ojos; las bicicletas se emborronaban; la gente se paseaban con sus abrigos como espectros ordenados y sus mejillas ligeramente rojas apenas eran visibles; los colores de los anuncios se mezclaban, los trazos de las letras se deshacían hasta que llegó a un alto.

Pensar en ello lo agotaba. No estaba acostumbrado a que las cosas fueran de esa manera.Las extrañas situaciones, el carácter del otro, su propio deseo eran como pasos en el mar: sin sospecharlo, podía caer en un hoyo y quedar atrapado en un remolino.

La luz del semáforo cambió a azul. El mundo volvió a difuminarse entre el viento frío y la ventana de taxi.

Sí. A lo mejor Changmin pensaría que estaba jugando… Una mueca parecida a una sonrisa marcó sus facciones. Se preocupaba demasiado. La forma en la que había terminado todo en el vestidor lo había puesto en un estatus dominante. Incluso, podría ser que Changmin lo sintiera también, aunque no estaba seguro de si eso lo complacía o no.

Alcanzó a ver a lo lejos un has rojo que iluminaba el cielo azul opaco con destellos rojos y blancos: era la torre de Tokio que se abría paso entre los edificios. No debía estar muy lejos ya.

Con la cabeza inclinada hacia arriba le era difícil respirar. Volvió los ojos a la glorieta que se abría en muchos caminos. Se mordió el labio inferior.

Aunque era agotador, era un juego interesante. Se preguntó cómo se comportaría Changmin, y mejor aún, que haría ahora. No lo dejaría pasar así como así, de eso estaba segura, él no era de ese tipo. Si lo pensaba bien, esa clase de situaciones eran la especialidad de Max, y sus respuestas solían ser sorpresivas y contundentes.

Al fin llegó. Le pagó al chofer y se bajó elegantemente. Entró al hotel con pasos largos y una actitud que desafiaba a acercársele. Inmediatamente localizó el elevador y lo llamó. No venía nadie en él, para su suerte. Oprimió el último botón y fue transportado a una lujosa estancia alfombrada, iluminada con tenues luces, las cuales se repetían en los ventanales que mostraban a la ciudad hundiéndose poco a poco en la fría noche.

Fue a sentarse al fondo. Pidió una botella en lo que llegaba su acompañante. Observó los edificios en conjuntos informes, las luces diminutas, algunas estáticas, otras en un flujo inestable, brillando, titilando, consumiéndose… ¿Sería así cómo miraban los dioses? ¿Verían indiferentes las fluctuaciones de los insignificantes puntos o se interesarían en trazarles caminos, en llenarlos de angustia, de felicidad? Si él fuera un dios, ¿qué le gustaría hacer, qué pasiones movería? Por un momento la respuesta pareció demasiado fácil.

-Ya estoy aquí. Perdón por hacerte esperar- anunció una voz lejana que le hizo pegar un brinco.

-Me asustaste…- dijo poniéndose la mano en el pecho-. Perdón por sacarte de la fiesta.

-No te preocupes, ni siquiera estaban muy animados… aún- explicó sonriente Jaejoong.

-Pedí algo, ¿está bien?

-Sí, claro. Confío en tu gusto.

Yunho tomó la botella y llenó las copas.

-¿Qué tal está?-preguntó incitándolo a probar.

Jaejoong sumergió sus labios despacio.

-Mmm… Delicioso.

Yunho apuró su propia copa. El sabor dulce acarició sus sentidos, su suave fragancia se filtró agradablemente por su cuerpo.

-¿Por qué no quisiste ir?- interrogó Jaejoong.

-No sé, no tengo ganas de estar en el alboroto.

-¿Qué, Yunho-todocarisma en un estado antisocial? Ahora sí que lo he visto todo-bromeó con ligereza.

-No es eso, es que… No sé cómo decirlo.

-Necesitas pensar a fondo acerca de tu vida- dijo Jaejoong muy serio, poniendo las manos sobre la mesa y mirando a la lejanía con gesto solemne.

Yunho se echó a reír. Era siempre así con él, bromas afables y una comodidad que a veces rayaba en el paroxismo. Por eso lo había llamado.

Siguieron platicando de cosas sin importancia. Las palabras y el vino se desbordaban, alejándolo de sus sombríos pensamientos. No podía evitar mirarlo insistentemente: su rostro fino, ligeramente sonrosado ahora, el cabello azabache cayendo grácilmente, sus labios carnosos entintados de vino afrutado se antojaban tan deliciosos y tan lejano se encontraba él mismo ahora. Pero, ¿desde cuándo?

~ o ~

Yunho se dejó caer pesadamente sobre su cama. La tenue luz de la lámpara lo alumbraba parcialmente, suavizando sus rasgos.

No sabía cómo había sobrevivido a un día tan largo. Primero la práctica agotadora, lo de Changmin… Se mordió los labios destrozando una sonrisa. Vinieron su cara relajada, cuadros de gozo y hermetismo; su voz de cristal contenida, luego rebosante; el temblor de su carne; todo girando en una vorágine engañosa. Trozos de recuerdos ornamentados con escarcha de ensueños. Un Changmin parecido pero más cariñoso, más dulce, siempre entregado como en los últimos momentos de su encuentro. Había sido tan excitante tenerlo a su merced… Pero más gratificante había sido revolver esos sentimientos entre sus dedos y obtener sensuales jadeos y libídines sensaciones. Tan sólo el rememorarlo lo hacía arder.

Las escenas se repetían una y otra vez, algunas fieles, otras distorsionadas a su antojo. Era difícil decir qué era mejor, si vivirlo o recordarlo. De todas maneras aún le quedaba la expectación de qué sucedería a continuación ya que su oponente no era para ser tomado a la ligera.

Respiró hondo, solazándose en las memorias de aquél día y apagó la luz.

Era casi imposible gobernar su cabeza en esos momentos pero poco a poco fue logrando relajarse y el sueño empezó a espolvorearse como granos de arena. Se iba sumergiendo hasta que…

Sus mantas se removieron y el colchón comenzó a menguar en algunos puntos. Sintió un calor ajeno acariciarlo. La figura se plantó frente a él y emergió del pliegue del futón. Reconoció vagamente los rasgos con la escasa luz que se colaba por las cortinas y su inconfundible aroma.

-¿Qué pasa?- preguntó tranquilo.

-Tengo frío… Además, ¿no crees que sea más cómodo dormir conmigo aquí?- murmuró Jaejoong.

Rió en sus adentros: ¿Acaso no podía prender la calefacción si tenía frío? Pero no dijo nada, en cambio lo abrazó con una mano y lo acercó. El otro, dócilmente se abrazó a su torso y se acurrucó como un gatito en su pecho. Así era él, tan sencillo, tan confortable… siempre tan a la mano. Estaba seguro de que si en ese momento sus dedos fueran juguetonamente adentro de su playera y recorrieran su espalda, si besara su rostro, incluso si bebiera dulce vino de sus labios, el otro no protestaría. Ese cuerpo, esa persona toda era una comodidad invaluable, necesaria para él. A él no podría dejarlo ir nunca, mucho menos por un juego.

Quiso probar: dirigió su mano lentamente a la orilla de la playera de Jaejoong y acarició sutilmente su cadera, jugueteó con la tersura de su piel, era tan blanda y agradable. Como había predicho, el otro no se opuso, sólo se removió divertido y conectó sus miradas en la oscuridad. Sus dedos vagaron hacia la base de aquella espalda y descansaron ahí.

Una tibia respiración se impregnaba en su cuello. Con esa suave caricia logró por fin, en muchos días, dormir profundamente


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Juego de niños cap 4

“Yo declaro la guerra en contra de mi peor enemigo que es…”



Se despertó con el ruido de una cigarra. Se le hizo extraño. ¿Una cigarra en otoño? Aguzó el oído pero no volvió a escucharlo, sólo percibió la respiración de Jaejoong y de Changmin, quienes dormían en los otros futones.



Exhaló molesto: de nuevo estaba acalorado. Consciente de que no podría dormir por un rato se levantó y salió a tomar aire. La agradable sensación del tatami bajo sus pies cambió por la dureza de la madera pulida del balcón. A diferencia del cuarto, afuera estaba muy fresco.

Se sentó en la orilla frente a la puerta y se recargó en ésta abrazando sus rodillas. Contempló tranquilo el paisaje cubierto con la tea azulada de la noche. El viento sopló con fuerza, arrastrando las hojas que comenzaron a caer frente a él con un rumor romántico, en ese momento las sombras escondían su encanto haciendo parecer una mentira el hechizo con que lo habían atrapado y lo habían unido a Changmin un rato antes. Era su culpa lo que había hecho, habían tornado el ambiente demasiado cálido, su rojizo murmullo lo había incitado y esos labios resplandeciendo como faros luminosos, guiándolo…

Respiró hondo. Aquella fría tranquilidad parecía extraña ahora.

Había sido agradable ese primer contacto armónico, pero después todo se había ido llenando de brasas y cenizas. Se llevó la mano a la boca; recordó el sabor y la sensación de aquella otra, tocó sus labios como si pudiera atrapar aquel gusto engañoso y escurridizo como una mariposa.

Sonrió libremente cubierto por la noche, separado de la verdad por las hojas de arroz que rodeaban a su deseo prohibido.

¿Qué habría estado pensando Changmin en ese momento? Miró hacia arriba: el cielo se estaba despejando, la lechosa luz de la luna arrancaba blancos y vacilantes destellos del agua del pozo, hacía relucir los palos de bambú que lo cercaban, se regaba sobre los árboles y pasaba entre las ramas para dividirse en espejos que se repetían en la madera; el aire olía a hielo seco, a un momento roto, estancado ahí frente a él, adherido a su boca, a sus manos llenas de ceniza. Lo había probado al fin, sin pensarlo, pero no había bastado. Tendría que buscar una manera de hacerlo de nuevo hasta que su deseo fuera satisfecho, como le había aconsejado Junsu. Sin embargo, algo lo inquietaba aún: Suponiendo que encontrara una forma para apaciguar las llamas que lamían irascibles su cuerpo continuamente, ¿hasta dónde podría llevar su deseo?, ¿podría simplemente consumirlo y olvidarlo todo después?, ¿no existía la posibilidad de que cayera en su propio juego?

Vino a su mente la imagen de Changmin esa noche, cuando lo había visto alzar su copa hacia él: la yukata verde palma medio abierta mostrando sus muslos, pan de salvado; el pecho firme; la piel cremosa; esas mejillas ruborizadas por el licor; el deseo que fulguraba en esos ojos como velas tras un capelo; la mirada suave amarrada a la suya con un tirante hilo de deseo que bordó con relucientes estrellas ese cuadro en una gruta de su mente. Se dejó conducir por él hacia el corazón de un laberinto sembrado de espinas.

~ o ~

Respiró hondo. Por alguna razón se sentía más seguro ahora que estaba en casa, quizá porque conocía el terreno o quizá por simple hecho de que “aquello” había pasado en otro lugar y estando lejos tomaba el cariz de un sueño.

Se sentía cansado. Después de haber salido en la noche no había podido dormir bien. Eso parecía estarse convirtiendo en hábito. Había tratado de dormir en el camino como los demás pero el intento había sido inútil. Si tan sólo Changmin se hubiera dormido también tal vez lo hubiera logrado, pero poder mirarlo de reojo, quieto, mirando por la ventana, inmóvil como una estatua, lo había mantenido incómodo.

Y ahora se encontraba ahí, en el jardín recogiendo las hojas mientras sentía que el cansancio lo aplastaba.

-¿No hay alguien que lo hace?... ¿O es terapia ocupacional?- le preguntó Yoochun saliendo de la sala y parándose a su lado.

Yunho vaciló.

-Creo que es lo último.

Yoochun se quedó mirando atentamente el cielo opaco. Pareció pensarlo mucho antes de poder decir.

-Supongo… Últimamente te ves algo tenso… hasta un poco apagado. Y pasas mucho tiempo solo… ¿Tú…?

Las palabras bailaron en su boca hasta que, rendidas, se consumieron en el crepitante silencio. Yunho bajó la mirada, adivinando su pregunta, pero no quería contestar, ni siquiera sabía si sería capaz de hacerlo.

El sonido del rastrillo al chocar contra la tierra y jalar los restos marchitos suplió las incómodas palabras.

Yoochun bufó.


-Todos tenemos cosas que nos inquietan… -bajó la vista- Es mejor cuando es algo, al menos puedes tratar de controlarlo, cuando es alguien… –un dejo de amargura tiñó su voz en la última oración. Incapaz de terminarla levantó la vista sonriendo afectadamente, como si hubiera tirado una piedra por descuido.

Yunho recargó su peso en el rastrillo y miró a Yoochun con suavidad. Éste exhaló inseguro.

-Pero, tú me entiendes, ¿no, Hyung?- Yunho sintió una punzada en el estómago.

Otra pausa.

- Tú quieres mucho a Jaejoong, ¿no es cierto?

Se sorprendió, no era ése el comentario que esperaba. Yoochun continuó.

-Yo también quiero cuidar de una persona pero a veces siento que no tengo la fuerza para demostrarlo. Me cohíbe un poco el pensar en los demás, en equivocarme y lastimarlo por nada.- terminó con voz débil.

Yunho se sintió frente a un espejo: de un lado él e impreso en el vidrio, Yoochun. Desde aquel día hasta ahora, ni una sola vez había reparado en Jaejoong. Volteó a ver al otro con pesadumbre. Éste sonrió de nuevo dirigiéndose al cielo.

-Pero bueno… quizá no debería pensar demasiado en eso… después de todo, no es algo que pueda decidir yo solo- dijo con un júbilo seco, metiéndose las manos en las bolsas y balanceándose al contemplar las nubes opalinas que tapizaban el firmamento.

Yunho se sintió abrumado. Retomó el rastrillo y continuó jalando hojas, esperando.

-Hyung- lo llamó repentinamente.

-¿Tú…- comenzó el otro dudando- has estado así por Jaejoong-hyung?

Una extraña mezcla entre alivio y pesadez.

Lo pensó un segundo.

Asintió.

~ o ~

La loseta de los escalones estaba terriblemente fría.

“Debí haber bajado con pantuflas”.

De verdad le molestaba despertarse en medio de la noche por cualquier razón y aún más cuando tenía que salir de su cuarto, pero por más que había tratado ya no podía soportar la sed: tenía la boca completamente seca y la saliva espesa sólo viciaba más la sensación que lo torturaba.

Tanteó en la oscuridad con el pie para asegurarse de que no hubiera más escalones, no se fuera a caer: luego fue directamente a revisar qué había de beber en ese enorme refrigerador rojo.

Se acordó de su conversación con Yoochun: así que pensaba pasaba algo entre Jaejoong y él. Sonrió complacido. Era mejor así, de esa manera no se fijaría en lo de Changmin. La verdad no tenía muy claro cómo lo llevaría después de haber tenido ese tipo de contacto pero estaba seguro de que no podía quedarse así nada más, al menos una vez debía volver a degustar ese veneno.

Tomó un calpis y jugo de naranja, sacó un vaso de la alacena y los mezcló. Mas, cuando iba a dar el primer sorbo, Changmin apareció en la cocina como un fantasma, vestido con un pantalón de algodón gris y una camiseta guinda. Éste fue derecho al refrigerador

-¿No quieres calpis con naranja?- le preguntó Yunho con voz controlada.

-No, gracias.

A pesar de que había sido una respuesta bastante seca, detectó cierto matiz inseguro en su voz.
Quizá sería demasiado rápido pero…Era un buen momento.

Dejó su vaso sobre el desayunador y se acercó a Changmin por la espalda.

-¿Buscas algo?- le preguntó casi en el oído.

-No- respondió tenso el otro.

Yunho se inclinó un poco más.

-Dime qué quieres- dijo con voz ronca, al tiempo que deslizaba suavemente la mano por el interior de uno de los muslos de Changmin.

Una fría mirada le atravesó el pecho pero no se mostró débil, ni siquiera cuando éste se volteó violentamente y agarró su rostro con brusquedad retrocedió. El otro se inclinó sobre él: irradiaba un calor embriagante que lo atraía inexorablemente.

-La pregunta en realidad es: ¿qué es lo que tú quieres?- pronunció las palabras lenta, suavemente, una esfera de lumbre se deshacía en el tono de cada sílaba, en esa mirada penetrante, dura, a la vez clara, cargada de desafío y concupiscencia.

De momento se sintió vulnerable, acorralado por ese pecho férreo y por esos labios que se acercaban peligrosamente. El cálido vaho de un aliento ajeno se impregnó en sus propios labios, expandiéndose en un bermejo estertor que lo inmovilizó. Expectante, siguió contemplando esas herméticas pupilas que parecían derretir su conciencia en un crisol maldito.

Dedos intrusos rozaron su ingle, tentando su sensibilidad, liberando miles de volutas de fuego que se agitaron en su sangre. Esos ojos retadores, intensos, bardaron sus pensamientos. Su cuerpo se encontraba impedido entre el asombro y la sensación caliente que irrigaba su carne, impidiéndolo.

Apenas fue consciente cuando Changmin lo soltó, dejando caer su mano lentamente, rozando su muslo, lo miró de arriba abajo, lo empujó hacia la barra, alejándolo, y salió de la cocina sin siquiera voltear. Él sólo se quedó ahí, cual estatua de sal, inmerso en el brillo de su piel bajo la luz de la lámpara y el pausado vaivén de su cadera al caminar.

Apretó los dientes tan fuerte que la quijada comenzó a dolerle.

Finalmente los pasos desaparecieron.

Tomó su vaso de nuevo. La sensación contradictoria del frío contra su mano caliente le devolvió el sentido.
Los planos se traspusieron, reflexionó: ¿qué tenían en común el fiero Changmin de hace un momento y aquél vulnerable que se entregaba al goce de su propio cuerpo entre cortinas de vapor? Changmin, sin duda, tenía ciertas tendencias hedonistas, aunque generalmente de ejercicio individual, como su gusto por la comida, el cual no podía ser fortuito y animal, estaba convencido de que para él escondía algo, como la otra noche durante la cena cuando lo había visto lamer el helado de té verde con tal suavidad, con tal deleite dibujado en su rostro… Definitivamente era lo que los japoneses llamaban kanjiyasui. En vista de todo ello, sólo era necesario vencer cierta resistencia hasta encontrar el punto exacto donde…

Sonrió con arrogancia.

¿Así que Changmin quería jugar rudo?

Pues bien…

~ o ~

Estaban agotadísimos. En ensayo había estado especialmente pesado y su falta de atención no había ayudado. Mejor dicho, el hecho de que su atención no estuviera concentrada en lo que debía. Había estado mirando más el trabajo de Changmin que el propio, sentía que hacía las cosas bien automáticamente pero cuando el otro se equivocaba, irremediablemente él también y había que hacer todo desde el principio. No había podido evitarlo, aunque lo había intentado sus ojos lo buscaban, buscaban la expresión feral que lo había impresionado la noche anterior. Lo había visto concentrado, su cuerpo moviéndose como tensas olas de mar, el rocío de su piel escurriéndose sobre su rostro, sobre sus labios y rebozando en su pecho visible por momentos.

-¿Qué te pasa, no quieres venir?- le preguntó Jaejoong cortando sus pensamientos.

-¿Qué, a dónde?

-A tomar algo con todos saliendo de aquí.

-Ah…- lo pensó. La verdad no tenía ganas de salir pero sería raro que se negara.- Claro.

No se había dado cuenta de cuándo se habían ido los demás pero en cuanto se fue Jaejoong se quedó solo.

Dejó sus cosas sobre la banca del vestidor y se fijó entonces de que encima de uno de los bultos de ropa resplandecía un dije plateado con tres llavecitas: era el dije favorito de Changmin.

Meditó un momento calculando el tiempo y las posibilidades. Lo tomó. Se mordió el labio inferior y esbozó una sonrisa de suficiencia.

~ o ~

Las gotas calientes se regaban impetuosamente sobre su pecho, relajándolo. Su cuerpo entero se entregaba a esas reconfortantes caricias que se escurrían por todo él y alcanzaban cada rincón con alivio. Su pecho rebozaba expectación: había encontrado un tesoro, la llave de una oportunidad que no podía desperdiciar. ¿Qué haría? Temblaba extasiado tan sólo de pensarlo.

Se atrevió a imaginarse a Changmin amarrado, indefenso, atenido a sus indecorosos deseos. Sonrió abiertamente. Se restregó la cara con las manos. Su sonrisa rebosó agua aromática y esos otros labios relucieron de nuevo con las gotas de sudor que lo adornaban.

Discretamente sondeó el resto del baño pero para su descontento, Changmin se encontraba justo en la regadera del otro extremo y no alcanzaba a verlo bien. Aún así, el saber que estaba ahí, compartiendo el mismo espacio mientras él lo sometía en su mente, le proporcionaba cierta complacencia morbosa.

Tomó el estropajo, se talló los brazos, primero suave y luego con más fuerza, luego el cuello, las axilas… Miró de reojo de nuevo al tiempo que la áspera tela rozaba su pecho y su abdomen con una brusca caricia que lo remitió a una sensación pasada, deseada ahora y contenida en un jadeo ahogado, a la sombra al fondo de las regaderas.

El vapor acariciaba su rostro, lo cubría y a la vez lo mantenía visible ante los demás. Si hubiera estado cerca, Changmin hubiera visto su gesto teñido de placer entre nubes porosas, la expresión dibujada por las líneas de espuma que dejaba el estropajo al recorrer sus muslos e infiltrarse en sus ingles, entre espejos rotos y oníricos trozos de carne canela abriéndose, ofreciéndose para su goce.

Bajó la cabeza; tomó una toalla y la colocó en el piso; se quedó un momento sentado, esperando a que su cuerpo se apaciguara.

Si todo resultaba como lo planeaba, sólo serían unos momentos más de espera…

Tenía que asegurarse de que todo saliera bien.

continuara...

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Juego de niños cap extra

~ Interludio.



Una oleada de calor lo recibió. Lo invadió el penetrante olor a madera que desprendía el lugar.

Se fue a sentar a la orilla.

El peso del cuerpo de Yunho lo aplastaba. Su presencia flotaba a su alrededor, cercándolo, desesperándolo.



¿Por qué su Hyung había tenido que hacer eso?, se preguntó abatido, ¿por qué sus besos habían sido tan dulces?, ¿por qué su cuerpo tan cálido y cómodo?, ¿por qué no había podido él mismo contenerse, por qué había cedido? Se sintió tan vulnerable… Ojalá se sintiera vacío pero la verdad se sentía tan rebozante…

-¡Yunho!- murmuró en tono de súplica.

Siempre lo había admirado: era fuerte, talentoso, muy varonil… Pero no sólo eso, tenía encanto, llamaba la atención de las personas, le agradaba a todo el mundo y se hacía respetar. Algunas veces antes había deseado ser así.

Él siempre trabajaba duro y sentía enormemente complacido cuando su Hyung lo felicitaba. Era una persona importante para él. Sin embargo, en los últimos días se había portado extraño: lo había estado evitando. Pero, ¿por qué? Era él quien había sido descubierto en una situación comprometedora. Sintió el calor poblar sus mejillas. El mero recuerdo le producía una horrible vergüenza. Mas, a pesar de haberse estado comportando así, cuando él pensó que todo estaba volviendo a la normalidad poco a poco, Yunho le había hecho eso. Se tapó la cara con las manos.

Gruñó desesperado.

¡Por qué! La verdad no le había molestado que Yunho lo… Pero él, ¿por qué se había mostrado tan débil? Sí, se había resistido al principio, mas, cuando lo había sentido sobre él y su sensibilidad había sido despertada, simplemente se había congelado; y luego, al sentir esos labios sobre los suyos, la voz de su conciencia se había convertido en un eco vago que le raspaba apenas y que fue ahogada fácilmente por el aroma de Yunho. Incluso había llegado a preguntarse en qué desembocaría aquello. Se mente había llegado al límite con esa idea.

Ahora se sentía más bien tonto e infantil. A decir verdad, se había sentido atrapado en un juego de niños que no quería perder, un juego extremadamente erótico y peligroso. ¿El premio? Difícil de decir. Y, ¿cómo saber quién ganaba? ¿Quién estuviera arriba, podía ser tan simple? No, definitivamente no lo era. Aunque había engañado a Yunho ganándole esa posición, todo el tiempo se había sentido débil, atontado; había sido brusco, eso no podía evitarlo aunque hubiera querido, era algo que no tenía remedio, pero se había mostrado ansioso, había respondido cabalmente a las incitaciones del otro, y peor todavía, estaba hundido en ese recuerdo.

¿Y si Yunho estaba jugando solamente?

Suspiró.

Era mejor no pensar más en eso, mas, si llegara a suceder algo así, no bajaría la guardia de nuevo.

~ o ~

Sus fuertes pasos hacían rechinar la madera a pesar de que trataba de evitarlo. Se detuvo y jaló la puerta. Se sorprendió un poco al verlos a todos alrededor de una mesa llena de comida. Se sacó las chanclas y fue a sentarse junto a Junsu en uno de los lados largos de la mesa. Delante de él quedaba Jaejoong, quien lucía una yukata azul oscuro con obi color vino. A la derecha de éste estaba Yoochun, con su yukata negra y obi blanco, platicando con Yunho a su lado, en la cabecera.

-Pensé que ya habían cenado- comentó.

-Se tardaron un montón en traer la comida, ¿puedes creerlo?- explicó Junsu un poco molesto.

-Eso y que nos tardamos demasiado en escoger- recalcó Jaejoong mirándolo significativamente.

-¿Yo qué? Yoochun fue el que dijo que quería soumen*, eso no tiene sentido, ¿cómo íbamos a pedir soumen en otoño?- le espetó Junsu.

Changmin rió, rompiendo la tensión.

-¿Y quién pidió el nabe?- preguntó.

-Yo, claro, yo sí sé comer debidamente- dijo Junsu, más para Yoochun que para ningún otro.

Yoochun, que lo escuchó, sólo meneó la cabeza y rodó los ojos con fingida exasperación, para volver después a su conversación con Yunho.

-Si quieres ya puedes servirte lo de este lado- le dijo Jaejoong apartando las verduras cocidas del nabe con los palillos.

Changmin tomó sus palitos también, tomó una pieza de pollo, varios trocitos de tofu, col china y muchos hongos. Junsu le hizo favor de servirle caldo.

-¿Así está bien?

Asintió.

-Anda, toma sake- le ofreció Yoochun sosteniendo una enorme botella de sake con oro.

-¡Eh! Hasta parece que estamos de fiesta- contestó.

-Claro, estamos de descanso- apuntó Yunho con una enorme sonrisa, haciendo como que brindaba con su vaso a medias.

Sintió su propio gesto endurecerse. ¿Qué podía hacer?

-Yoochun, ¿me pasas unos camarones?- pidió Xiah.- Ah, y el aderezo de ajonjolí.

-Yo también quiero- dijo más fuerte de lo necesario, queriendo distraerse.

Tomó uno especialmente grande y se lo metió de lleno en la boca. Estaba delicioso. El empanizado estaba crujiente y el camarón fresco, exquisito. Probó también la ensalada de col con zanahoria, estaba tan finamente picada que le hacía cosquillas en la lengua.

-Hubiéramos pedido kimchi-nabe, ¿no creen?- se lamentó Jaejoong.

-Por mi está mejor así, últimamente me arden los labios con cualquier cosa- contó inocente Junsu.

Yoochun se atragantó. Todos los voltearon a ver con suspicacia.

-Es que se me abren por el frío- aclaró… ¿O trató de disimular?

Changmin lamió sus propios labios. Tenían un recuerdo encarnado.

Acercó el caldo a su boca, bebió y se empujó los grandes trozos de verdura.

-¿Me pueden pasar las empanadas chinas?- pidió Yunho.

Jaejoong se las pasó modosamente.-Deja te preparo el aderezo-. Echó salsa de soya en un platito y luego agregó un poco de aceite de ajonjolí. Se lo pasó también.

-No te lo vayas a acabar, yo también quiero- pidió Junsu.

-Tú puedes hacerte el tuyo- bromeó Yunho.

-Yo te lo preparó- se ofreció Changmin.

-Gracias- dijo Junsu, acariciando su muslo mientras sonreía.

-Por nada- le contestó rozando su mano, siguiéndole el juego.

Sintió la feral mirada de Yoochun atravesarlo. Soltó la mano despacio, sonriendo descaradamente.

-¡Mejor pasen el sake!- gritó Jaejoong emocionado- ¡Vamos todos, un fondo!- En un momento el alcohol circuló, rebozando los vasos de todos.- ¡Por este día, sólo de nosotros!- exclamó.

-¡Salud!- le siguieron todos empinando sus vasos.
Changmin bebió tan rápido que un ardor le escoció la boca y se extendió incendiando su garganta.

-¿No quieres sushi?- le ofreció Yoochun.
Sonrió. Hacía tiempo que no comía aquello. Comenzó con uno de salmón. La sensación de la carne blanda acarició su lengua. Siguió con uno de atún hasta llegar a los de huachinango. Estaban todos deliciosos. Y el sabor del sake acompañaba el sabor perfectamente.

Llenísimo, se hizo para atrás, recargándose sobre un brazo. Se puso a pensar: “un día sólo para nosotros”. Inconscientemente volteó a ver a Yunho, quien comía maccha-mochi mientras escuchaba atentamente lo que Yoochun le decía, demasiado cerca para su gusto. Las mejillas le ardían. No, no podía permitirse ideas tan tontas. Parpadeó una, dos veces: se estaba mareando. ¿Había bebido mucho? No tenía idea, sólo la noción de haber alternado un cuadrito de sushi y un trago, hasta probarlos todos. Miró la comida.

-Oigan, ¿me pasan el mochi?- pidió.

-Claro, abre la boca- le dijo Jaejoong con una sonrisa.

Estaba bastante aturdido pero no lo suficiente como para hacer eso. Con la mano le quitó la bolita que le ofrecía. Lo comió con gusto. La suavidad del mochi y el delicioso sabor del helado de té verde trascendieron el espacio de su boca y se acunaron en su pecho. La frialdad del helado lo hizo temblar ligeramente. Con ese dejo de placer expandiéndose volteó a ver de nuevo a Yunho, quien, relajado, se reía y brindaba animado. Atontado y sin pensar, Changmin alzó su copa vacía. Lo encontró esa mirada, reflejo de la suya, velando deseo y vergüenza.




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Juego de niños cap 3

¿Juegas con fuego?

Después de hora y pico de viaje al fin habían llegado a los termales. A esa altura se sentía más frío que en Tokio.

Los majestuosos árboles de hojas doradas se alineaban guiándolos hacia la entrada del establecimiento, donde algunas empleadas los recibieron ataviadas con kimonos de distintos colores.




Sintieron un gran alivio cuando la calidez de la recepción los acogió. Dejaron sus zapatos y subieron al recibidor con cómodas pantuflas. Un muchacho delgado de kimono negro y obi verde olivo los fue a dejar a su habitación.

Era un cuarto de tatami muy amplio, divido en tres por dos biombos verdes, del tono de las paredes, con dibujos de pavo reales, evocando vagamente a los del castillo Nijo de Kyoto. Al fondo, las puertas corredizas abiertas mostraron el lienzo del patio: el pozo termal, la barricada de bambú y los árboles de momiji enmarcándola con natural encanto.

Un segundo después, regresó el muchacho con yukatas para cada uno.

-Me voy a dormir un rato- anunció Yunho, metiéndose en el biombo donde había tres futones. Tomó el del fondo.

Estaba muy cansado. No había podido pegar el ojo en toda la noche y los pocos momentos de sueño que había tenido habían sido inquietos y calurosos.

Se quitó la ropa y la cambió por la cómoda yukata azul marino con obi negro que le había tocado. Escuchaba atento el cuchicheo de los demás, ya que, por un extraño pudor que el mismo calificaba de ridículo, no quería que alguien entrara mientras lo hacía. Sin embargo, en cuanto su cabeza tocó la almohada, se olvidó de todo y se quedó profundamente dormido.

~ o ~

Su conciencia comenzó a arrastrarse en su sueño pero un repentino arrebato de pereza se recargaba en sus párpados y los hundía más en él, para después regresarlo una vez más a la habitación, a la suavidad del tibio futón.

Escuchó murmullos.

-No, ya déjame- una voz temblorosa.

-¿Qué tiene? Los otros salieron- una voz ronca, baja.

-Pero Hyung está del otro lado.

El roce de colchas.

-Está dormido…

-No, mejor vámonos a otro lado…- una risa nerviosa.

Yunho se volteó y se encogió en la trampa del sueño.

~ o ~

Sentía el cuerpo pesado, los párpados aún más, a pesar de que pensaba con claridad no podía desplegarlos.

La habitación estaba en silencio, sólo se escuchaba el rumor lejano de las hojas zarandeadas por las ráfagas de viento. Respiró hondo, aligerando su cuerpo. Hizo un esfuerzo por abrir los ojos. Ya estaba oscuro afuera también. Encendió su reloj: eran las seis. Calculó que quedaría aproximadamente media hora antes de que todos llegaran para
cenar.

Se desembarazó de las cobijas. Por suerte, sus compañeros le habían dejado prendida la calefacción así que no sintió mucho la diferencia de temperatura. Fue a agarrar unas toallas del mueble, se quitó la ropa y salió para bañarse. Al hacerlo, el aire azotó su cuerpo descubierto, pero la gélida sensación fue dejada en segundo plano por la sangre efervescente que comenzó a punzar dolorosamente en sus venas al encontrarse de pronto con Changmin, quien estaba hundido hasta el pecho en el onzen, con la cara al cielo y los ojos cerrados. Pensó un momento en regresar a la habitación antes de que el otro reaccionara pero fue muy tarde, inminentemente se encontró con él: los dos solos, desnudos…

Yunho no pudo disimular su sorpresa, incluso sintió nítidamente cómo sus ojos se abrían y su cuerpo se tensaba. Changmin también pareció impresionarse, su boca se entreabrió y se movió como si una pregunta se hubiera trabado en su perplejidad; lo miró un momento y bajó luego la vista. Sus ojos vacilaron en el suelo.

Se repuso de repente. No podía retroceder, sería cobarde y, además, demasiado obvio. Respiró lento, tratando de que su aliento no fuera audible. Sonrió queriendo parecer tranquilo.

-¿Y los demás?- preguntó.

-Jaejoong dijo que quería un masaje; de Yoochun y Junsu no sé nada, cuando yo regresé ya no estaban- le contestó con calma, la tensión en su voz era mínima, aunque perceptible. Aún así se sintió aliviado.

Se metió rápidamente al agua que estaba casi hirviendo. Un hormigueo le atizó la carne. Primero sintió ganas de salirse por él pero en poco tiempo desapareció.
Notó la mirada curiosa de Changmin.

-¿Qué pasa?

-¿Desde cuándo te metes tú con toalla?

Yunho agradeció que el agua caliente ya hubiera puesto su piel roja.

-Ah, es que… hoy hace más frío que otros días y pensé que un cambio muy brusco podría ser incómodo- contestó vacilante.

-Claro, las partes sensibles…-comentó Changmin con ironía.

Yunho hubiera deseado no escuchar esas palabras, y mucho menos haberse fijado en la mano de Changmin que acariciaba su propio muslo distraídamente. Como una regresión, la imagen de la regadera se estrelló contra él y se mezcló con la del Changmin frente a él, tan real, tal cercano; los jadeos del de trozos de sueño retumbaron en sus oídos, se plasmaron en los de éste que miraba lejanamente el profundo orbe azul oscuro. Yunho se estremeció. Changmin volteó a verlo. La luz de los faroles de los cuartos contiguos fulguró en sus pupilas canela; se le antojaron apetecibles como nunca sus labios entreabiertos, coloreados como las hojas de momiji que llovían a su alrededor. Lo invadió una sensación acogedora, como si estuviera atrapado en el cálido vapor de un otoño nocturno que se deshacía sólo para él entre la barricada de bambú; un Changmin solo, tibio, su boca de cereza fuera de estación esperando. La presión de su sangre agitada lo impulsó a acercarse y atrapar esos labios. Fue rápido mas le pareció que transcurría candenciosamente el momento en el que hizo contacto con esa fruta carnosa, en el que la rozó lentamente con la lengua y sintió con ella sus pliegues. Cerró los ojos completamente para degustar al fin el tormento de aquellos días. Pero la grata sensación fue interrumpida por una mano en el pecho que lo alejó con fuerza. Miró perplejo un instante a Changmin, quien le devolvía una mirada semejante, mas, cuando la conciencia del rechazo cayó sobre él, un instinto predador lo poseyó: lo empujó violentamente, haciendo que sus hombros chocaran contra la roca y se puso a horcajadas sobre él.

-¿Qué crees que haces?- le reclamó el otro con rabia, pero antes de que pudiera golpearlo de nuevo, Yunho lo tomó de los antebrazos y se abalanzó sobre él para tratar de besarlo. El otro giró la cabeza celeramente, entregándole el suculento cuello. Lo mordió con furia, provocando que gimiera y tratara de zafarse con más ímpetu. Le apretó entonces los brazos con tanta saña que la carne comenzó a latir bajo sus manos. La presencia de aquel cuerpo deseado secretamente, el sentir que lo probaba a la fuerza, lo hizo sentirse febril. El otro se resistía deliciosamente y el violento vaivén de su cadera al buscar liberarse lo enardecía aún más. Imprudentemente soltó un brazo para deleitarse con el tacto de aquél pecho. Acto seguido, un golpe se clavó en su omóplato. Su respuesta fue pellizcar la prominencia bajo sus yemas. Una queja. Con la rodilla derecha separó una de sus piernas y se acercó al centro. Changmin se quedó repentinamente inmóvil; él no indagó demasiado en las razones, aprovechó para capturar su boca, pasó la lengua sobre sus dientes, deleitándose con la carnosidad que iba percibiendo. Al no encontrar eco, presionó la rodilla contra su ingle. Lo sintió temblar debajo suyo, y para su sorpresa, el beso comenzó a ser correspondido, mas no mansamente, como hubiera esperado, era más bien como si el otro hubiera aceptado un reto, lo besaba también con ansia, se podía decir que hasta con violencia, atrapaba su boca toscamente, barría su lengua, mordía sus labios mientras pellizcaba sus muslos, y esto, sorprendentemente, lo satisfacía más que el chico apacible de su sueño. Pero no iba a dejarlo ser el agresivo así como así. Siguió acariciando los botones carmín de su pecho con aspereza, los haló con las uñas, y cuando esto provocó un jadeo, fue a morder su clavícula, libó la capa con deleite, regodeándose en el sabor de la piel, del aperlado sudor que recubría la ardiente superficie. Inhaló su aroma, no olía lo que se diría rico, era un olor sensual, penetrante, que lo incentivaba. Lo deseó aún más.

Para acentuar su sufrimiento, Changmin se abrió paso hacia su ingle, acariciándola despacio, con dureza. Le sorprendió el escuchar un gemido de su propia voz. Fue un pequeño descuido solamente pero, cuando terminó su pensamiento, Changmin ya lo había volteado y era quien estaba encima ahora, rompiendo la superficie del agua mientras recorría sus costados. Se veía atractivo concentrado, con el cabello flotando sobre su frente y los ojos bajos, fijos en algún punto medio de su cuerpo. Se sintió un poco avergonzado. Pudo escuchar cómo intentaba controlar la cálida respiración que se impregnaba en su belfo.

Decidió romper la calma: tomó a Changmin por la nuca y lo atrajo hacia sí rudamente. Sus bocas chocaron, volviéndose más sensibles. Ese beso comenzó más suave que el anterior pero fue intensificándose conforme se olvidaban del lugar y del frío, y se concentraban en el contacto del otro cuerpo. Yunho enterró una mano en el espeso cabello de Changmin, lo jaló, frotó su nuca, y con la otra mano arañó su abdomen, deseando hacerlo temblar.

La temperatura del agua y de su cuerpo lo asfixiaban, mas no quería dejar de degustar esa delicia. Y no necesitaba preguntarlo, sentía claramente cómo el deseo de Changmin se expandía junto con el suyo en cada roce piel, en cada ocasión en que sus labios se oprimían. Queriendo sacar ventaja incluso estando abajo, tomó los muslos de Changmin por la parte externa, los separó y lo sentó encima suyo. No muy seguro, el otro rompió el beso. Instintivamente, Yunho siguió la estela de su aliento, lo miró a los ojos: la insegura voluptuosidad se cristalizaba en la superficie, no dejaba ver sus sentimientos mas irradiaban una diáfana pasión que le oprimió el vientre.

Un momento se quedaron mirando. Yunho evaluaba qué hacer, hasta dónde podría llevar su rebosante concupiscencia. ¿Changmin estaría pensando lo mismo? Sentía que sí. Atrapó la cintura del otro y éste se fue contra su boca de nuevo. La sensación se hundió de lleno en su plexo. La humedad y la tibieza de la lengua de Changmin empañaron su conciencia, el ardiente rocío se regó, quemándolo con un tortuoso escozor que alcanzó cada esquina de su ser. Era un beso demasiado salvaje, le había quitado el aliento en un instante, pero no podía detenerse. Mordió aquella lengua buscando una oportunidad para recuperase pero…

El sonido de las puertas corredizas.

Changmin se alejó inmediatamente. Se miraron perplejos.

-¿Estarán afuera?-se escuchó.

Inmediatamente se acomodaron a una distancia aceptable y trataron de disimular calma.

-¿Ya pedimos algo para comer?- les preguntó animado Junsu, abriendo las puertas. Vestía una yukata color pergamino y un obi azul oscuro con dragones bordados en color hueso.

Asintió.

-Mm… ¿Como qué quieren comer?

-Lo que quieran está bien- dijo Yunho.
-Yo no tengo hambre. Voy al sauna- atajó Changmin secamente, saliendo del agua.

-¿Qué le pasa?- cuestionó Yoochun.

-No sé- dijo simplemente sin atreverse a mirarlos y se salió también, cambiándose la toalla de la cintura y poniéndose otra en la cabeza para amortiguar el sonido de su respiración ahogada.




continuara....



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Minnie Chibis by Lisalin



Les traigo un special chibis de minnie *-* son muy cutes ~~


















credits: as tag
re-upload: changminyaoi


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Im back~


Al fin volvi con el blog, lo tenia abandonadillo D:
Ya ha pasado casi un mes sin actualizar ni nada...Razones: problemas de salud + vacaciones + problemas X...
Pero al final decidi volver...Tal vez ya nadie vea este blog, pero aun asi seguire posteando fics de Changmin y fanarts n_n




Reglas en el cbox:
-No hablar mal de alguna couple de Changmin, sino te gusta esa pareja reservate la opinion porfavor. Les recuerdo que estamos en CHANGMIN YAOI, aqui se aceptan TODAS LAS COUPLES DE CHANGMIN...esta bien si no te gusta alguna de ellas, pero hay fans que si pueden gustarles.

-la PUBLICIDAD sera borrada, la idea es chatear por ahi, no promocionar ni llenarlo de links -_- Si quieren afiliacion mandenme un mail a changminyaoi@gmail.com *O*




Chibi Changmin & Mandongie~
paint-colours-rainbow

credits: maxbar

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