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Changminizada Yuuki Fic's

lunes, 16 de agosto de 2010

Tags y....


Hola de nuevo, volvi a full :D

Les queria comentar que hare un tag para las autoras, es decir como un directorio de los ficos de nuestras loveables autoras *_______*
Asi si tienen ganas de leer algun trabajo de X autora lo encuentran sin problemas.

Ojala esto ayude a que sea mas accesible y facil de usar el blog >.<

Tambien estaba pensnado en cambiarle la imagen al blog, pero como soy ta mala para estas cosas tendre que pedir ayuda por ahi jejejeje

Prometo actualizar mas seguido^^. Se viene un fic precioso MinSu entre otras novedades :D

Este Minnie chibi principito *-* hecho por mi querida yuuki *0* Lo quiero usar como nuestra mascota del blog (ojala no se moleste)

Si deseas enviar tus changminadas (ya sean fanfics, fanarts y otras frikadas) hazlo a:

changminyaoi@gmail.com

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Juego de niños cap 5


¿El gato…?




-¿Te falta mucho?- preguntó Jaejoong jugando.

-Ya casi termino- respondió Yunho peinándose con toda la parsimonia que le era posible. Observaba a través del espejo cómo Changmin guardaba sus cosas y echaba la ropa sucia en el canasto.



-Ven- Jaejoong se acercó y comenzó a acomodarle el cabello a su gusto. El toque delicado de sus dedos le provocaba una sensación placentera así que lo dejó hacer. Lo tenía muy cerca. Se fijó en su piel tan blanca y tersa. -Ya- anunció sonriendo-, ahora te ves más guapo-terminó pellizcándole la mejilla.

Instintivamente volteó: Changmin le dirigió una sonrisa burlona y salió del vestidor. Eso no le preocupaba… pero, ¿qué, no se había dado cuenta?

-Vamos- dijo tomando el brazo de Jaejoong y arrastrándolo con él.

Ya iban a llegar la salida y ni una buena señal. Yunho vio entonces en el cuello de Junsu: traía un collar de obsidiana con un dije en forma de punta de flecha.

-Me gusta tu collar, no lo había visto- comentó casual, mirando de reojo a Changmin.

-Esta genial, ¿verdad? Me lo regaló…me lo dejaron en una carta- contó con entusiasmo.

Changmin se palpó el cuello, luego buscó en su mochila.

-Ahora vengo- dijo con aprehensión y salió corriendo.

-Voy a ver qué pasa, después los alcanzamos- dijo Yunho y se fue detrás de él.

-Yo también voy-terció Junsu, pero Jaejoong lo tomó del brazo.

-Vámonos, Yunho dijo que nos alcanzaban.

Iba a través del pasillo. Vio cómo el menor entraba a los vestidores. Se detuvo, trató de controlar su respiración.

No lo podía creer, realmente el ratón había corrido hacia la ratonera. El mero pensamiento le causó un escalofrío. Inhaló; contuvo el aliento; se desabrochó el cinturón; exhaló y sonrió con gusto. Repasó una vez más lo que haría. Entró con pasos silenciosos.

Changmin buscaba debajo de las bancas, después fue a asomarse al bote de la ropa sucia: era el momento. Se acercó a él con rapidez, le agarró los brazos y los amarró sobre su espalda con el cinturón. Sintió cómo el otro tiró con fuerza sorprendido pero antes de que pudiera hacer algo lo derribó, dejándolo boca arriba. Inmediatamente se sentó sobre su cadera.

El otro trataba de zafarse pero era inútil, él mismo aplastaba sus manos y el peso de Yunho ejercía la presión suficiente para inmovilizarlo.

-¿Qué crees que haces, idi…?- comenzó, pero Yunho cortó la oración con su mano.

Acarició su rostro, su cuello.

-Qué linda mascada traes puesta. Creo que nos será útil- La desenredó y la llevó a su nariz-. Huele muy bien…
huele a ti- deslizó con voz sensual.

Liberó entonces la boca de Changmin un momento.

-Quítate de encima, imbécil- escupió el otro con rabia.

-Deberías ser más cariñoso con tu Hyung- le dirigió una sonrisa traviesa.

Tomó la mascada con ambas manos y se la acercó. El otro bufó enojado. Yunho lo tomó bruscamente con una mano y con la otra metió la tela en su boca, luego le levantó la cabeza y la ató.

Changmin le lanzó una mirada de desprecio.

Yunho se acercó a ese rostro.

-No tienes idea de lo sensual que te ves- murmuró por encima de la mordaza, enfrentando esos ojos ferales.

Pronto haría cambiar esa mirada.

Tomó la orilla de su playera y la alzó, revelando el lienzo en blanco que pronto coloreó con el armonioso paso de sus palmas, con la presión de sus dedos en los bordes de sus músculos.

Repentinamente agarró su hombro y lo azotó contra le piso al tiempo que deslizaba su rodilla y aseguraba su muslo, anticipando su reacción. Dejó caer su propio cuerpo, pegándolo al otro. Percibió su embriagante calor con mayor intensidad. Acercó su cara a la clavícula, exhaló lentamente sobre la piel expectante mientras se dirigía hacia su pecho. Besó la carne firme, la atarazó con sutilmente, lo plugo su firmeza y el ligero temblor que la sacudió. Continuó besando el trozo, dibujando con su ansiedad una sensible cerca para el glorioso botón que se alzaba bermejo entre el campo de salvado, mientras que su mano libre se coló en su manga para acariciar su hombro y explorar con la palma la armonía de su sedosa curvatura.

Respiraba lentamente apropósito, queriendo marcar como suyo ese cuerpo con el efluvio de su aliento.

El otro comenzó a removerse.

Yunho se dirigió al otro cuadrante de su pecho, plantó su lengua caliente muy cerca del centro; recorrió con ella la aureola, captando la rugosidad de la piel al endurecerse, para luego complacer su deseo de capturar esa rosa cerrada. El pecho de Changmin se tensó y su repentina exhalación le acarició el cabello. Libó la grana con suavidad, la sostuvo entre sus labios; repitió el ciclo varias veces y después sopló encima, obligándolo a temblar. Mientras, su mano seguía recorriendo sus antebrazos, su cintura, marcando sus huellas en la cadera exquisita.

¿Cuánto soportaría Changmin antes de entregarse?

Dejó a su mano continuar, ahora con un ritmo más lento. Sus dedos se infiltraron por el resorte de su pantalón, acariciaron su vientre, rodearon su sensibilidad, penetraron en su ingle y la acariciaron incontables veces antes de pellizcar sus muslos lentamente, atrapando la deliciosa textura de la carne.

-No basta con eso, ¿verdad?- zahirió bajo, plasmando el deseo de su voz en una delicada mordida en el lóbulo.

Changmin resopló con enojo y evidente deseo frustrado.

Yunho regresó a su segura posición sobre la cadera de Changmin, se quitó la chamarra y se desabotonó la camisa con dedos trémulos por la ansiedad de llenarse con el tacto de ese torso divino. Se inclinó, uniéndose finalmente a su pecho, fundiéndose prácticamente en esa sensual hoguera que lamía su cuerpo con confortables llamas. Le rozó el cuello con los dientes, presionó su pelvis con violencia, la cadencia de las olas de su cadera oprimía el venoso malecón de piedra cada vez con más vigor, lo sentía erigirse entre raíces de fuego que lo cercaban a él también.

Sentía cómo el deseo de los dos se unía en el vértice en medio de sus cuerpos. La carne hirviente, palpitando en su desesperación, la respiración agitada, el deseo oprimido por ese pecho que se inflamaba a la par del suyo. Dejó los jadeos manar con libertad, no tenía caso tratar de contenerlos. Los erógenos brotes de voz de la garganta de Changmin se estrellaban en sus oídos y florecían trémulos en los puntos donde sus cuerpos se empalmaban.

-Te gusta, ¿verdad?… ¿Sientes mi deseo también?- preguntó con voz entrecortada, mientras regaba apasionados besos por su mandíbula y restregaba su cuerpo contra la cómoda calidez del otro. El vaivén de ambos en perfecta armonía, el bullente flujo de sangre chocando contra las palpitaciones de su otro.

Sintió deseos de unir sus labios… Besó su barbilla y sus mejillas con sutileza. Mordió la mascada, subiéndola un poco, y lamió esos labios despacio. Desamarró la tela y la apartó; la sensación del tejido sobre su boca la sensibilizó. Se quedó suspendido sobre el rostro de Changmin, mirando sus labios tersos, rozándolos apenas. Presionó su pecho y su cadera hacia abajo con ímpetu. La boca se entreabrió bañada de voz deseosa. Sus labios desérticos fueron recibidos con la deleitosa humedad de un cántaro suave y su lengua fue mordida con una suavidad inesperada. Se hundió en aquel sabor, en la riquísima sensación que le proveía ese oasis delirante. Pero no, no debía dejarse llevar aún. Cerró sus labios, capturando los otros para soltarlos después, se separó muy despacio, queriendo conservar la impronta de ese beso.

Sus manos bajaron describiendo su silueta, su boca descendió por el canal de su torso, oprimiéndose contra él, atrapando la carne y saboreándola despacio. Sus oídos aguzados esperaban cualquier gota de voz para beberla jubilosos.

Al llegar, su lengua trazó círculos alrededor de su ombligo para luego penetrarlo sosegadamente. Poco a poco fue bajándole el pantalón, sus acciones acompañadas de vaho sobre su vientre, de besos sembrados en las franjas de sus ingles, caricias húmedas en sus muslos. Percibía complacido cómo esas piernas respondían a sus caricias temblando ligeramente. Embriagado de ese aroma, retacado con la sensación del otro, atrevido, comenzó a lamer su cadera con parsimonia, acercándose poco a poco a ese punto peligroso a través de la línea de su pelvis. Miró a Changmin, relamiéndose los labios. Sus miradas se encontraron, se disolvieron cálidas en un lugar lejano, desconocido. Concentrado en esas pupilas sofocantes, besó el vértice, lo oprimió con su lengua, arrancando un sonoro jadeo que explotó en miles de toques eléctricos a través de su cuerpo. Sonrió, inconsciente de la satisfacción y la sensualidad que expresaba su rostro. Inhaló y exhaló pesadamente sobre ese punto de nuevo. Se empapó de la sensación de aquél cuerpo trémulo debajo del suyo.

Se contuvo.

-La siguiente escena la dejaremos para después- dijo simplemente, se levantó y salió de la habitación con pasos largos y cadenciosos. No quería demostrar su premura por salir de ahí antes de que Changmin se liberara y fuera a romperle un brazo o algo.

El sonido de la puerta al cerrarse detrás de él le permitió caminar más a prisa. Buscó un lugar solitario: detrás de las escaleras había una puerta más baja que el resto. Se metió ahí.

Respiró hondo, tratando de calmarse. Temblaba de arriba abajo, sus sentidos estaban embotados. Todo parecía irreal de repente.

Puso el seguro de la puerta y dejó que el deseo de plomo que aún corría por sus venas se disolviera entre sus manos. Recuerdos, cuadros engalanados y sensaciones revividas en un compás lento, y el aroma ocre de su pasión desbordándose en un rincón oscuro.

~ o ~

Sacó el teléfono de su bolsa y marcó el número.

-¿Sí?... ¿Te interrumpo?... Mm, no, prefiero ir a otro lugar… Sí. Te espero en el salón The Sky del New Otani Garden… En Akasaka… Bien… Nos vemos.

Colgó con un suspiro pesado.

¡Qué más daba! La verdad, en ese momento no quería estar rodeado de gente, era como si tuviera algo preciado entre las manos y no quisiera que los demás lo vieran. Aunque le inquietaba un poco el qué diría Changmin si no lo veía en la reunión.

Paró un taxi y se subió.

¿Pensaría que estaba huyendo?... Mm, no. Había terminado en una buena posición. Rió bajo ante el doble sentido. Quizá podría interpretarlo como que estaba jugando con él, aunque ése no era su estilo… No lo había pensado pero hasta podría resultar ser una buena táctica. Obviamente no sería suficiente jugar con las reacciones de su cuerpo, debía jugar también con su mente ya que era una persona compleja.

Miró por la ventana: las aceras se desmoronaban ante sus ojos; las bicicletas se emborronaban; la gente se paseaban con sus abrigos como espectros ordenados y sus mejillas ligeramente rojas apenas eran visibles; los colores de los anuncios se mezclaban, los trazos de las letras se deshacían hasta que llegó a un alto.

Pensar en ello lo agotaba. No estaba acostumbrado a que las cosas fueran de esa manera.Las extrañas situaciones, el carácter del otro, su propio deseo eran como pasos en el mar: sin sospecharlo, podía caer en un hoyo y quedar atrapado en un remolino.

La luz del semáforo cambió a azul. El mundo volvió a difuminarse entre el viento frío y la ventana de taxi.

Sí. A lo mejor Changmin pensaría que estaba jugando… Una mueca parecida a una sonrisa marcó sus facciones. Se preocupaba demasiado. La forma en la que había terminado todo en el vestidor lo había puesto en un estatus dominante. Incluso, podría ser que Changmin lo sintiera también, aunque no estaba seguro de si eso lo complacía o no.

Alcanzó a ver a lo lejos un has rojo que iluminaba el cielo azul opaco con destellos rojos y blancos: era la torre de Tokio que se abría paso entre los edificios. No debía estar muy lejos ya.

Con la cabeza inclinada hacia arriba le era difícil respirar. Volvió los ojos a la glorieta que se abría en muchos caminos. Se mordió el labio inferior.

Aunque era agotador, era un juego interesante. Se preguntó cómo se comportaría Changmin, y mejor aún, que haría ahora. No lo dejaría pasar así como así, de eso estaba segura, él no era de ese tipo. Si lo pensaba bien, esa clase de situaciones eran la especialidad de Max, y sus respuestas solían ser sorpresivas y contundentes.

Al fin llegó. Le pagó al chofer y se bajó elegantemente. Entró al hotel con pasos largos y una actitud que desafiaba a acercársele. Inmediatamente localizó el elevador y lo llamó. No venía nadie en él, para su suerte. Oprimió el último botón y fue transportado a una lujosa estancia alfombrada, iluminada con tenues luces, las cuales se repetían en los ventanales que mostraban a la ciudad hundiéndose poco a poco en la fría noche.

Fue a sentarse al fondo. Pidió una botella en lo que llegaba su acompañante. Observó los edificios en conjuntos informes, las luces diminutas, algunas estáticas, otras en un flujo inestable, brillando, titilando, consumiéndose… ¿Sería así cómo miraban los dioses? ¿Verían indiferentes las fluctuaciones de los insignificantes puntos o se interesarían en trazarles caminos, en llenarlos de angustia, de felicidad? Si él fuera un dios, ¿qué le gustaría hacer, qué pasiones movería? Por un momento la respuesta pareció demasiado fácil.

-Ya estoy aquí. Perdón por hacerte esperar- anunció una voz lejana que le hizo pegar un brinco.

-Me asustaste…- dijo poniéndose la mano en el pecho-. Perdón por sacarte de la fiesta.

-No te preocupes, ni siquiera estaban muy animados… aún- explicó sonriente Jaejoong.

-Pedí algo, ¿está bien?

-Sí, claro. Confío en tu gusto.

Yunho tomó la botella y llenó las copas.

-¿Qué tal está?-preguntó incitándolo a probar.

Jaejoong sumergió sus labios despacio.

-Mmm… Delicioso.

Yunho apuró su propia copa. El sabor dulce acarició sus sentidos, su suave fragancia se filtró agradablemente por su cuerpo.

-¿Por qué no quisiste ir?- interrogó Jaejoong.

-No sé, no tengo ganas de estar en el alboroto.

-¿Qué, Yunho-todocarisma en un estado antisocial? Ahora sí que lo he visto todo-bromeó con ligereza.

-No es eso, es que… No sé cómo decirlo.

-Necesitas pensar a fondo acerca de tu vida- dijo Jaejoong muy serio, poniendo las manos sobre la mesa y mirando a la lejanía con gesto solemne.

Yunho se echó a reír. Era siempre así con él, bromas afables y una comodidad que a veces rayaba en el paroxismo. Por eso lo había llamado.

Siguieron platicando de cosas sin importancia. Las palabras y el vino se desbordaban, alejándolo de sus sombríos pensamientos. No podía evitar mirarlo insistentemente: su rostro fino, ligeramente sonrosado ahora, el cabello azabache cayendo grácilmente, sus labios carnosos entintados de vino afrutado se antojaban tan deliciosos y tan lejano se encontraba él mismo ahora. Pero, ¿desde cuándo?

~ o ~

Yunho se dejó caer pesadamente sobre su cama. La tenue luz de la lámpara lo alumbraba parcialmente, suavizando sus rasgos.

No sabía cómo había sobrevivido a un día tan largo. Primero la práctica agotadora, lo de Changmin… Se mordió los labios destrozando una sonrisa. Vinieron su cara relajada, cuadros de gozo y hermetismo; su voz de cristal contenida, luego rebosante; el temblor de su carne; todo girando en una vorágine engañosa. Trozos de recuerdos ornamentados con escarcha de ensueños. Un Changmin parecido pero más cariñoso, más dulce, siempre entregado como en los últimos momentos de su encuentro. Había sido tan excitante tenerlo a su merced… Pero más gratificante había sido revolver esos sentimientos entre sus dedos y obtener sensuales jadeos y libídines sensaciones. Tan sólo el rememorarlo lo hacía arder.

Las escenas se repetían una y otra vez, algunas fieles, otras distorsionadas a su antojo. Era difícil decir qué era mejor, si vivirlo o recordarlo. De todas maneras aún le quedaba la expectación de qué sucedería a continuación ya que su oponente no era para ser tomado a la ligera.

Respiró hondo, solazándose en las memorias de aquél día y apagó la luz.

Era casi imposible gobernar su cabeza en esos momentos pero poco a poco fue logrando relajarse y el sueño empezó a espolvorearse como granos de arena. Se iba sumergiendo hasta que…

Sus mantas se removieron y el colchón comenzó a menguar en algunos puntos. Sintió un calor ajeno acariciarlo. La figura se plantó frente a él y emergió del pliegue del futón. Reconoció vagamente los rasgos con la escasa luz que se colaba por las cortinas y su inconfundible aroma.

-¿Qué pasa?- preguntó tranquilo.

-Tengo frío… Además, ¿no crees que sea más cómodo dormir conmigo aquí?- murmuró Jaejoong.

Rió en sus adentros: ¿Acaso no podía prender la calefacción si tenía frío? Pero no dijo nada, en cambio lo abrazó con una mano y lo acercó. El otro, dócilmente se abrazó a su torso y se acurrucó como un gatito en su pecho. Así era él, tan sencillo, tan confortable… siempre tan a la mano. Estaba seguro de que si en ese momento sus dedos fueran juguetonamente adentro de su playera y recorrieran su espalda, si besara su rostro, incluso si bebiera dulce vino de sus labios, el otro no protestaría. Ese cuerpo, esa persona toda era una comodidad invaluable, necesaria para él. A él no podría dejarlo ir nunca, mucho menos por un juego.

Quiso probar: dirigió su mano lentamente a la orilla de la playera de Jaejoong y acarició sutilmente su cadera, jugueteó con la tersura de su piel, era tan blanda y agradable. Como había predicho, el otro no se opuso, sólo se removió divertido y conectó sus miradas en la oscuridad. Sus dedos vagaron hacia la base de aquella espalda y descansaron ahí.

Una tibia respiración se impregnaba en su cuello. Con esa suave caricia logró por fin, en muchos días, dormir profundamente


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Juego de niños cap 4

“Yo declaro la guerra en contra de mi peor enemigo que es…”



Se despertó con el ruido de una cigarra. Se le hizo extraño. ¿Una cigarra en otoño? Aguzó el oído pero no volvió a escucharlo, sólo percibió la respiración de Jaejoong y de Changmin, quienes dormían en los otros futones.



Exhaló molesto: de nuevo estaba acalorado. Consciente de que no podría dormir por un rato se levantó y salió a tomar aire. La agradable sensación del tatami bajo sus pies cambió por la dureza de la madera pulida del balcón. A diferencia del cuarto, afuera estaba muy fresco.

Se sentó en la orilla frente a la puerta y se recargó en ésta abrazando sus rodillas. Contempló tranquilo el paisaje cubierto con la tea azulada de la noche. El viento sopló con fuerza, arrastrando las hojas que comenzaron a caer frente a él con un rumor romántico, en ese momento las sombras escondían su encanto haciendo parecer una mentira el hechizo con que lo habían atrapado y lo habían unido a Changmin un rato antes. Era su culpa lo que había hecho, habían tornado el ambiente demasiado cálido, su rojizo murmullo lo había incitado y esos labios resplandeciendo como faros luminosos, guiándolo…

Respiró hondo. Aquella fría tranquilidad parecía extraña ahora.

Había sido agradable ese primer contacto armónico, pero después todo se había ido llenando de brasas y cenizas. Se llevó la mano a la boca; recordó el sabor y la sensación de aquella otra, tocó sus labios como si pudiera atrapar aquel gusto engañoso y escurridizo como una mariposa.

Sonrió libremente cubierto por la noche, separado de la verdad por las hojas de arroz que rodeaban a su deseo prohibido.

¿Qué habría estado pensando Changmin en ese momento? Miró hacia arriba: el cielo se estaba despejando, la lechosa luz de la luna arrancaba blancos y vacilantes destellos del agua del pozo, hacía relucir los palos de bambú que lo cercaban, se regaba sobre los árboles y pasaba entre las ramas para dividirse en espejos que se repetían en la madera; el aire olía a hielo seco, a un momento roto, estancado ahí frente a él, adherido a su boca, a sus manos llenas de ceniza. Lo había probado al fin, sin pensarlo, pero no había bastado. Tendría que buscar una manera de hacerlo de nuevo hasta que su deseo fuera satisfecho, como le había aconsejado Junsu. Sin embargo, algo lo inquietaba aún: Suponiendo que encontrara una forma para apaciguar las llamas que lamían irascibles su cuerpo continuamente, ¿hasta dónde podría llevar su deseo?, ¿podría simplemente consumirlo y olvidarlo todo después?, ¿no existía la posibilidad de que cayera en su propio juego?

Vino a su mente la imagen de Changmin esa noche, cuando lo había visto alzar su copa hacia él: la yukata verde palma medio abierta mostrando sus muslos, pan de salvado; el pecho firme; la piel cremosa; esas mejillas ruborizadas por el licor; el deseo que fulguraba en esos ojos como velas tras un capelo; la mirada suave amarrada a la suya con un tirante hilo de deseo que bordó con relucientes estrellas ese cuadro en una gruta de su mente. Se dejó conducir por él hacia el corazón de un laberinto sembrado de espinas.

~ o ~

Respiró hondo. Por alguna razón se sentía más seguro ahora que estaba en casa, quizá porque conocía el terreno o quizá por simple hecho de que “aquello” había pasado en otro lugar y estando lejos tomaba el cariz de un sueño.

Se sentía cansado. Después de haber salido en la noche no había podido dormir bien. Eso parecía estarse convirtiendo en hábito. Había tratado de dormir en el camino como los demás pero el intento había sido inútil. Si tan sólo Changmin se hubiera dormido también tal vez lo hubiera logrado, pero poder mirarlo de reojo, quieto, mirando por la ventana, inmóvil como una estatua, lo había mantenido incómodo.

Y ahora se encontraba ahí, en el jardín recogiendo las hojas mientras sentía que el cansancio lo aplastaba.

-¿No hay alguien que lo hace?... ¿O es terapia ocupacional?- le preguntó Yoochun saliendo de la sala y parándose a su lado.

Yunho vaciló.

-Creo que es lo último.

Yoochun se quedó mirando atentamente el cielo opaco. Pareció pensarlo mucho antes de poder decir.

-Supongo… Últimamente te ves algo tenso… hasta un poco apagado. Y pasas mucho tiempo solo… ¿Tú…?

Las palabras bailaron en su boca hasta que, rendidas, se consumieron en el crepitante silencio. Yunho bajó la mirada, adivinando su pregunta, pero no quería contestar, ni siquiera sabía si sería capaz de hacerlo.

El sonido del rastrillo al chocar contra la tierra y jalar los restos marchitos suplió las incómodas palabras.

Yoochun bufó.


-Todos tenemos cosas que nos inquietan… -bajó la vista- Es mejor cuando es algo, al menos puedes tratar de controlarlo, cuando es alguien… –un dejo de amargura tiñó su voz en la última oración. Incapaz de terminarla levantó la vista sonriendo afectadamente, como si hubiera tirado una piedra por descuido.

Yunho recargó su peso en el rastrillo y miró a Yoochun con suavidad. Éste exhaló inseguro.

-Pero, tú me entiendes, ¿no, Hyung?- Yunho sintió una punzada en el estómago.

Otra pausa.

- Tú quieres mucho a Jaejoong, ¿no es cierto?

Se sorprendió, no era ése el comentario que esperaba. Yoochun continuó.

-Yo también quiero cuidar de una persona pero a veces siento que no tengo la fuerza para demostrarlo. Me cohíbe un poco el pensar en los demás, en equivocarme y lastimarlo por nada.- terminó con voz débil.

Yunho se sintió frente a un espejo: de un lado él e impreso en el vidrio, Yoochun. Desde aquel día hasta ahora, ni una sola vez había reparado en Jaejoong. Volteó a ver al otro con pesadumbre. Éste sonrió de nuevo dirigiéndose al cielo.

-Pero bueno… quizá no debería pensar demasiado en eso… después de todo, no es algo que pueda decidir yo solo- dijo con un júbilo seco, metiéndose las manos en las bolsas y balanceándose al contemplar las nubes opalinas que tapizaban el firmamento.

Yunho se sintió abrumado. Retomó el rastrillo y continuó jalando hojas, esperando.

-Hyung- lo llamó repentinamente.

-¿Tú…- comenzó el otro dudando- has estado así por Jaejoong-hyung?

Una extraña mezcla entre alivio y pesadez.

Lo pensó un segundo.

Asintió.

~ o ~

La loseta de los escalones estaba terriblemente fría.

“Debí haber bajado con pantuflas”.

De verdad le molestaba despertarse en medio de la noche por cualquier razón y aún más cuando tenía que salir de su cuarto, pero por más que había tratado ya no podía soportar la sed: tenía la boca completamente seca y la saliva espesa sólo viciaba más la sensación que lo torturaba.

Tanteó en la oscuridad con el pie para asegurarse de que no hubiera más escalones, no se fuera a caer: luego fue directamente a revisar qué había de beber en ese enorme refrigerador rojo.

Se acordó de su conversación con Yoochun: así que pensaba pasaba algo entre Jaejoong y él. Sonrió complacido. Era mejor así, de esa manera no se fijaría en lo de Changmin. La verdad no tenía muy claro cómo lo llevaría después de haber tenido ese tipo de contacto pero estaba seguro de que no podía quedarse así nada más, al menos una vez debía volver a degustar ese veneno.

Tomó un calpis y jugo de naranja, sacó un vaso de la alacena y los mezcló. Mas, cuando iba a dar el primer sorbo, Changmin apareció en la cocina como un fantasma, vestido con un pantalón de algodón gris y una camiseta guinda. Éste fue derecho al refrigerador

-¿No quieres calpis con naranja?- le preguntó Yunho con voz controlada.

-No, gracias.

A pesar de que había sido una respuesta bastante seca, detectó cierto matiz inseguro en su voz.
Quizá sería demasiado rápido pero…Era un buen momento.

Dejó su vaso sobre el desayunador y se acercó a Changmin por la espalda.

-¿Buscas algo?- le preguntó casi en el oído.

-No- respondió tenso el otro.

Yunho se inclinó un poco más.

-Dime qué quieres- dijo con voz ronca, al tiempo que deslizaba suavemente la mano por el interior de uno de los muslos de Changmin.

Una fría mirada le atravesó el pecho pero no se mostró débil, ni siquiera cuando éste se volteó violentamente y agarró su rostro con brusquedad retrocedió. El otro se inclinó sobre él: irradiaba un calor embriagante que lo atraía inexorablemente.

-La pregunta en realidad es: ¿qué es lo que tú quieres?- pronunció las palabras lenta, suavemente, una esfera de lumbre se deshacía en el tono de cada sílaba, en esa mirada penetrante, dura, a la vez clara, cargada de desafío y concupiscencia.

De momento se sintió vulnerable, acorralado por ese pecho férreo y por esos labios que se acercaban peligrosamente. El cálido vaho de un aliento ajeno se impregnó en sus propios labios, expandiéndose en un bermejo estertor que lo inmovilizó. Expectante, siguió contemplando esas herméticas pupilas que parecían derretir su conciencia en un crisol maldito.

Dedos intrusos rozaron su ingle, tentando su sensibilidad, liberando miles de volutas de fuego que se agitaron en su sangre. Esos ojos retadores, intensos, bardaron sus pensamientos. Su cuerpo se encontraba impedido entre el asombro y la sensación caliente que irrigaba su carne, impidiéndolo.

Apenas fue consciente cuando Changmin lo soltó, dejando caer su mano lentamente, rozando su muslo, lo miró de arriba abajo, lo empujó hacia la barra, alejándolo, y salió de la cocina sin siquiera voltear. Él sólo se quedó ahí, cual estatua de sal, inmerso en el brillo de su piel bajo la luz de la lámpara y el pausado vaivén de su cadera al caminar.

Apretó los dientes tan fuerte que la quijada comenzó a dolerle.

Finalmente los pasos desaparecieron.

Tomó su vaso de nuevo. La sensación contradictoria del frío contra su mano caliente le devolvió el sentido.
Los planos se traspusieron, reflexionó: ¿qué tenían en común el fiero Changmin de hace un momento y aquél vulnerable que se entregaba al goce de su propio cuerpo entre cortinas de vapor? Changmin, sin duda, tenía ciertas tendencias hedonistas, aunque generalmente de ejercicio individual, como su gusto por la comida, el cual no podía ser fortuito y animal, estaba convencido de que para él escondía algo, como la otra noche durante la cena cuando lo había visto lamer el helado de té verde con tal suavidad, con tal deleite dibujado en su rostro… Definitivamente era lo que los japoneses llamaban kanjiyasui. En vista de todo ello, sólo era necesario vencer cierta resistencia hasta encontrar el punto exacto donde…

Sonrió con arrogancia.

¿Así que Changmin quería jugar rudo?

Pues bien…

~ o ~

Estaban agotadísimos. En ensayo había estado especialmente pesado y su falta de atención no había ayudado. Mejor dicho, el hecho de que su atención no estuviera concentrada en lo que debía. Había estado mirando más el trabajo de Changmin que el propio, sentía que hacía las cosas bien automáticamente pero cuando el otro se equivocaba, irremediablemente él también y había que hacer todo desde el principio. No había podido evitarlo, aunque lo había intentado sus ojos lo buscaban, buscaban la expresión feral que lo había impresionado la noche anterior. Lo había visto concentrado, su cuerpo moviéndose como tensas olas de mar, el rocío de su piel escurriéndose sobre su rostro, sobre sus labios y rebozando en su pecho visible por momentos.

-¿Qué te pasa, no quieres venir?- le preguntó Jaejoong cortando sus pensamientos.

-¿Qué, a dónde?

-A tomar algo con todos saliendo de aquí.

-Ah…- lo pensó. La verdad no tenía ganas de salir pero sería raro que se negara.- Claro.

No se había dado cuenta de cuándo se habían ido los demás pero en cuanto se fue Jaejoong se quedó solo.

Dejó sus cosas sobre la banca del vestidor y se fijó entonces de que encima de uno de los bultos de ropa resplandecía un dije plateado con tres llavecitas: era el dije favorito de Changmin.

Meditó un momento calculando el tiempo y las posibilidades. Lo tomó. Se mordió el labio inferior y esbozó una sonrisa de suficiencia.

~ o ~

Las gotas calientes se regaban impetuosamente sobre su pecho, relajándolo. Su cuerpo entero se entregaba a esas reconfortantes caricias que se escurrían por todo él y alcanzaban cada rincón con alivio. Su pecho rebozaba expectación: había encontrado un tesoro, la llave de una oportunidad que no podía desperdiciar. ¿Qué haría? Temblaba extasiado tan sólo de pensarlo.

Se atrevió a imaginarse a Changmin amarrado, indefenso, atenido a sus indecorosos deseos. Sonrió abiertamente. Se restregó la cara con las manos. Su sonrisa rebosó agua aromática y esos otros labios relucieron de nuevo con las gotas de sudor que lo adornaban.

Discretamente sondeó el resto del baño pero para su descontento, Changmin se encontraba justo en la regadera del otro extremo y no alcanzaba a verlo bien. Aún así, el saber que estaba ahí, compartiendo el mismo espacio mientras él lo sometía en su mente, le proporcionaba cierta complacencia morbosa.

Tomó el estropajo, se talló los brazos, primero suave y luego con más fuerza, luego el cuello, las axilas… Miró de reojo de nuevo al tiempo que la áspera tela rozaba su pecho y su abdomen con una brusca caricia que lo remitió a una sensación pasada, deseada ahora y contenida en un jadeo ahogado, a la sombra al fondo de las regaderas.

El vapor acariciaba su rostro, lo cubría y a la vez lo mantenía visible ante los demás. Si hubiera estado cerca, Changmin hubiera visto su gesto teñido de placer entre nubes porosas, la expresión dibujada por las líneas de espuma que dejaba el estropajo al recorrer sus muslos e infiltrarse en sus ingles, entre espejos rotos y oníricos trozos de carne canela abriéndose, ofreciéndose para su goce.

Bajó la cabeza; tomó una toalla y la colocó en el piso; se quedó un momento sentado, esperando a que su cuerpo se apaciguara.

Si todo resultaba como lo planeaba, sólo serían unos momentos más de espera…

Tenía que asegurarse de que todo saliera bien.

continuara...

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Juego de niños cap extra

~ Interludio.



Una oleada de calor lo recibió. Lo invadió el penetrante olor a madera que desprendía el lugar.

Se fue a sentar a la orilla.

El peso del cuerpo de Yunho lo aplastaba. Su presencia flotaba a su alrededor, cercándolo, desesperándolo.



¿Por qué su Hyung había tenido que hacer eso?, se preguntó abatido, ¿por qué sus besos habían sido tan dulces?, ¿por qué su cuerpo tan cálido y cómodo?, ¿por qué no había podido él mismo contenerse, por qué había cedido? Se sintió tan vulnerable… Ojalá se sintiera vacío pero la verdad se sentía tan rebozante…

-¡Yunho!- murmuró en tono de súplica.

Siempre lo había admirado: era fuerte, talentoso, muy varonil… Pero no sólo eso, tenía encanto, llamaba la atención de las personas, le agradaba a todo el mundo y se hacía respetar. Algunas veces antes había deseado ser así.

Él siempre trabajaba duro y sentía enormemente complacido cuando su Hyung lo felicitaba. Era una persona importante para él. Sin embargo, en los últimos días se había portado extraño: lo había estado evitando. Pero, ¿por qué? Era él quien había sido descubierto en una situación comprometedora. Sintió el calor poblar sus mejillas. El mero recuerdo le producía una horrible vergüenza. Mas, a pesar de haberse estado comportando así, cuando él pensó que todo estaba volviendo a la normalidad poco a poco, Yunho le había hecho eso. Se tapó la cara con las manos.

Gruñó desesperado.

¡Por qué! La verdad no le había molestado que Yunho lo… Pero él, ¿por qué se había mostrado tan débil? Sí, se había resistido al principio, mas, cuando lo había sentido sobre él y su sensibilidad había sido despertada, simplemente se había congelado; y luego, al sentir esos labios sobre los suyos, la voz de su conciencia se había convertido en un eco vago que le raspaba apenas y que fue ahogada fácilmente por el aroma de Yunho. Incluso había llegado a preguntarse en qué desembocaría aquello. Se mente había llegado al límite con esa idea.

Ahora se sentía más bien tonto e infantil. A decir verdad, se había sentido atrapado en un juego de niños que no quería perder, un juego extremadamente erótico y peligroso. ¿El premio? Difícil de decir. Y, ¿cómo saber quién ganaba? ¿Quién estuviera arriba, podía ser tan simple? No, definitivamente no lo era. Aunque había engañado a Yunho ganándole esa posición, todo el tiempo se había sentido débil, atontado; había sido brusco, eso no podía evitarlo aunque hubiera querido, era algo que no tenía remedio, pero se había mostrado ansioso, había respondido cabalmente a las incitaciones del otro, y peor todavía, estaba hundido en ese recuerdo.

¿Y si Yunho estaba jugando solamente?

Suspiró.

Era mejor no pensar más en eso, mas, si llegara a suceder algo así, no bajaría la guardia de nuevo.

~ o ~

Sus fuertes pasos hacían rechinar la madera a pesar de que trataba de evitarlo. Se detuvo y jaló la puerta. Se sorprendió un poco al verlos a todos alrededor de una mesa llena de comida. Se sacó las chanclas y fue a sentarse junto a Junsu en uno de los lados largos de la mesa. Delante de él quedaba Jaejoong, quien lucía una yukata azul oscuro con obi color vino. A la derecha de éste estaba Yoochun, con su yukata negra y obi blanco, platicando con Yunho a su lado, en la cabecera.

-Pensé que ya habían cenado- comentó.

-Se tardaron un montón en traer la comida, ¿puedes creerlo?- explicó Junsu un poco molesto.

-Eso y que nos tardamos demasiado en escoger- recalcó Jaejoong mirándolo significativamente.

-¿Yo qué? Yoochun fue el que dijo que quería soumen*, eso no tiene sentido, ¿cómo íbamos a pedir soumen en otoño?- le espetó Junsu.

Changmin rió, rompiendo la tensión.

-¿Y quién pidió el nabe?- preguntó.

-Yo, claro, yo sí sé comer debidamente- dijo Junsu, más para Yoochun que para ningún otro.

Yoochun, que lo escuchó, sólo meneó la cabeza y rodó los ojos con fingida exasperación, para volver después a su conversación con Yunho.

-Si quieres ya puedes servirte lo de este lado- le dijo Jaejoong apartando las verduras cocidas del nabe con los palillos.

Changmin tomó sus palitos también, tomó una pieza de pollo, varios trocitos de tofu, col china y muchos hongos. Junsu le hizo favor de servirle caldo.

-¿Así está bien?

Asintió.

-Anda, toma sake- le ofreció Yoochun sosteniendo una enorme botella de sake con oro.

-¡Eh! Hasta parece que estamos de fiesta- contestó.

-Claro, estamos de descanso- apuntó Yunho con una enorme sonrisa, haciendo como que brindaba con su vaso a medias.

Sintió su propio gesto endurecerse. ¿Qué podía hacer?

-Yoochun, ¿me pasas unos camarones?- pidió Xiah.- Ah, y el aderezo de ajonjolí.

-Yo también quiero- dijo más fuerte de lo necesario, queriendo distraerse.

Tomó uno especialmente grande y se lo metió de lleno en la boca. Estaba delicioso. El empanizado estaba crujiente y el camarón fresco, exquisito. Probó también la ensalada de col con zanahoria, estaba tan finamente picada que le hacía cosquillas en la lengua.

-Hubiéramos pedido kimchi-nabe, ¿no creen?- se lamentó Jaejoong.

-Por mi está mejor así, últimamente me arden los labios con cualquier cosa- contó inocente Junsu.

Yoochun se atragantó. Todos los voltearon a ver con suspicacia.

-Es que se me abren por el frío- aclaró… ¿O trató de disimular?

Changmin lamió sus propios labios. Tenían un recuerdo encarnado.

Acercó el caldo a su boca, bebió y se empujó los grandes trozos de verdura.

-¿Me pueden pasar las empanadas chinas?- pidió Yunho.

Jaejoong se las pasó modosamente.-Deja te preparo el aderezo-. Echó salsa de soya en un platito y luego agregó un poco de aceite de ajonjolí. Se lo pasó también.

-No te lo vayas a acabar, yo también quiero- pidió Junsu.

-Tú puedes hacerte el tuyo- bromeó Yunho.

-Yo te lo preparó- se ofreció Changmin.

-Gracias- dijo Junsu, acariciando su muslo mientras sonreía.

-Por nada- le contestó rozando su mano, siguiéndole el juego.

Sintió la feral mirada de Yoochun atravesarlo. Soltó la mano despacio, sonriendo descaradamente.

-¡Mejor pasen el sake!- gritó Jaejoong emocionado- ¡Vamos todos, un fondo!- En un momento el alcohol circuló, rebozando los vasos de todos.- ¡Por este día, sólo de nosotros!- exclamó.

-¡Salud!- le siguieron todos empinando sus vasos.
Changmin bebió tan rápido que un ardor le escoció la boca y se extendió incendiando su garganta.

-¿No quieres sushi?- le ofreció Yoochun.
Sonrió. Hacía tiempo que no comía aquello. Comenzó con uno de salmón. La sensación de la carne blanda acarició su lengua. Siguió con uno de atún hasta llegar a los de huachinango. Estaban todos deliciosos. Y el sabor del sake acompañaba el sabor perfectamente.

Llenísimo, se hizo para atrás, recargándose sobre un brazo. Se puso a pensar: “un día sólo para nosotros”. Inconscientemente volteó a ver a Yunho, quien comía maccha-mochi mientras escuchaba atentamente lo que Yoochun le decía, demasiado cerca para su gusto. Las mejillas le ardían. No, no podía permitirse ideas tan tontas. Parpadeó una, dos veces: se estaba mareando. ¿Había bebido mucho? No tenía idea, sólo la noción de haber alternado un cuadrito de sushi y un trago, hasta probarlos todos. Miró la comida.

-Oigan, ¿me pasan el mochi?- pidió.

-Claro, abre la boca- le dijo Jaejoong con una sonrisa.

Estaba bastante aturdido pero no lo suficiente como para hacer eso. Con la mano le quitó la bolita que le ofrecía. Lo comió con gusto. La suavidad del mochi y el delicioso sabor del helado de té verde trascendieron el espacio de su boca y se acunaron en su pecho. La frialdad del helado lo hizo temblar ligeramente. Con ese dejo de placer expandiéndose volteó a ver de nuevo a Yunho, quien, relajado, se reía y brindaba animado. Atontado y sin pensar, Changmin alzó su copa vacía. Lo encontró esa mirada, reflejo de la suya, velando deseo y vergüenza.




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Juego de niños cap 3

¿Juegas con fuego?

Después de hora y pico de viaje al fin habían llegado a los termales. A esa altura se sentía más frío que en Tokio.

Los majestuosos árboles de hojas doradas se alineaban guiándolos hacia la entrada del establecimiento, donde algunas empleadas los recibieron ataviadas con kimonos de distintos colores.




Sintieron un gran alivio cuando la calidez de la recepción los acogió. Dejaron sus zapatos y subieron al recibidor con cómodas pantuflas. Un muchacho delgado de kimono negro y obi verde olivo los fue a dejar a su habitación.

Era un cuarto de tatami muy amplio, divido en tres por dos biombos verdes, del tono de las paredes, con dibujos de pavo reales, evocando vagamente a los del castillo Nijo de Kyoto. Al fondo, las puertas corredizas abiertas mostraron el lienzo del patio: el pozo termal, la barricada de bambú y los árboles de momiji enmarcándola con natural encanto.

Un segundo después, regresó el muchacho con yukatas para cada uno.

-Me voy a dormir un rato- anunció Yunho, metiéndose en el biombo donde había tres futones. Tomó el del fondo.

Estaba muy cansado. No había podido pegar el ojo en toda la noche y los pocos momentos de sueño que había tenido habían sido inquietos y calurosos.

Se quitó la ropa y la cambió por la cómoda yukata azul marino con obi negro que le había tocado. Escuchaba atento el cuchicheo de los demás, ya que, por un extraño pudor que el mismo calificaba de ridículo, no quería que alguien entrara mientras lo hacía. Sin embargo, en cuanto su cabeza tocó la almohada, se olvidó de todo y se quedó profundamente dormido.

~ o ~

Su conciencia comenzó a arrastrarse en su sueño pero un repentino arrebato de pereza se recargaba en sus párpados y los hundía más en él, para después regresarlo una vez más a la habitación, a la suavidad del tibio futón.

Escuchó murmullos.

-No, ya déjame- una voz temblorosa.

-¿Qué tiene? Los otros salieron- una voz ronca, baja.

-Pero Hyung está del otro lado.

El roce de colchas.

-Está dormido…

-No, mejor vámonos a otro lado…- una risa nerviosa.

Yunho se volteó y se encogió en la trampa del sueño.

~ o ~

Sentía el cuerpo pesado, los párpados aún más, a pesar de que pensaba con claridad no podía desplegarlos.

La habitación estaba en silencio, sólo se escuchaba el rumor lejano de las hojas zarandeadas por las ráfagas de viento. Respiró hondo, aligerando su cuerpo. Hizo un esfuerzo por abrir los ojos. Ya estaba oscuro afuera también. Encendió su reloj: eran las seis. Calculó que quedaría aproximadamente media hora antes de que todos llegaran para
cenar.

Se desembarazó de las cobijas. Por suerte, sus compañeros le habían dejado prendida la calefacción así que no sintió mucho la diferencia de temperatura. Fue a agarrar unas toallas del mueble, se quitó la ropa y salió para bañarse. Al hacerlo, el aire azotó su cuerpo descubierto, pero la gélida sensación fue dejada en segundo plano por la sangre efervescente que comenzó a punzar dolorosamente en sus venas al encontrarse de pronto con Changmin, quien estaba hundido hasta el pecho en el onzen, con la cara al cielo y los ojos cerrados. Pensó un momento en regresar a la habitación antes de que el otro reaccionara pero fue muy tarde, inminentemente se encontró con él: los dos solos, desnudos…

Yunho no pudo disimular su sorpresa, incluso sintió nítidamente cómo sus ojos se abrían y su cuerpo se tensaba. Changmin también pareció impresionarse, su boca se entreabrió y se movió como si una pregunta se hubiera trabado en su perplejidad; lo miró un momento y bajó luego la vista. Sus ojos vacilaron en el suelo.

Se repuso de repente. No podía retroceder, sería cobarde y, además, demasiado obvio. Respiró lento, tratando de que su aliento no fuera audible. Sonrió queriendo parecer tranquilo.

-¿Y los demás?- preguntó.

-Jaejoong dijo que quería un masaje; de Yoochun y Junsu no sé nada, cuando yo regresé ya no estaban- le contestó con calma, la tensión en su voz era mínima, aunque perceptible. Aún así se sintió aliviado.

Se metió rápidamente al agua que estaba casi hirviendo. Un hormigueo le atizó la carne. Primero sintió ganas de salirse por él pero en poco tiempo desapareció.
Notó la mirada curiosa de Changmin.

-¿Qué pasa?

-¿Desde cuándo te metes tú con toalla?

Yunho agradeció que el agua caliente ya hubiera puesto su piel roja.

-Ah, es que… hoy hace más frío que otros días y pensé que un cambio muy brusco podría ser incómodo- contestó vacilante.

-Claro, las partes sensibles…-comentó Changmin con ironía.

Yunho hubiera deseado no escuchar esas palabras, y mucho menos haberse fijado en la mano de Changmin que acariciaba su propio muslo distraídamente. Como una regresión, la imagen de la regadera se estrelló contra él y se mezcló con la del Changmin frente a él, tan real, tal cercano; los jadeos del de trozos de sueño retumbaron en sus oídos, se plasmaron en los de éste que miraba lejanamente el profundo orbe azul oscuro. Yunho se estremeció. Changmin volteó a verlo. La luz de los faroles de los cuartos contiguos fulguró en sus pupilas canela; se le antojaron apetecibles como nunca sus labios entreabiertos, coloreados como las hojas de momiji que llovían a su alrededor. Lo invadió una sensación acogedora, como si estuviera atrapado en el cálido vapor de un otoño nocturno que se deshacía sólo para él entre la barricada de bambú; un Changmin solo, tibio, su boca de cereza fuera de estación esperando. La presión de su sangre agitada lo impulsó a acercarse y atrapar esos labios. Fue rápido mas le pareció que transcurría candenciosamente el momento en el que hizo contacto con esa fruta carnosa, en el que la rozó lentamente con la lengua y sintió con ella sus pliegues. Cerró los ojos completamente para degustar al fin el tormento de aquellos días. Pero la grata sensación fue interrumpida por una mano en el pecho que lo alejó con fuerza. Miró perplejo un instante a Changmin, quien le devolvía una mirada semejante, mas, cuando la conciencia del rechazo cayó sobre él, un instinto predador lo poseyó: lo empujó violentamente, haciendo que sus hombros chocaran contra la roca y se puso a horcajadas sobre él.

-¿Qué crees que haces?- le reclamó el otro con rabia, pero antes de que pudiera golpearlo de nuevo, Yunho lo tomó de los antebrazos y se abalanzó sobre él para tratar de besarlo. El otro giró la cabeza celeramente, entregándole el suculento cuello. Lo mordió con furia, provocando que gimiera y tratara de zafarse con más ímpetu. Le apretó entonces los brazos con tanta saña que la carne comenzó a latir bajo sus manos. La presencia de aquel cuerpo deseado secretamente, el sentir que lo probaba a la fuerza, lo hizo sentirse febril. El otro se resistía deliciosamente y el violento vaivén de su cadera al buscar liberarse lo enardecía aún más. Imprudentemente soltó un brazo para deleitarse con el tacto de aquél pecho. Acto seguido, un golpe se clavó en su omóplato. Su respuesta fue pellizcar la prominencia bajo sus yemas. Una queja. Con la rodilla derecha separó una de sus piernas y se acercó al centro. Changmin se quedó repentinamente inmóvil; él no indagó demasiado en las razones, aprovechó para capturar su boca, pasó la lengua sobre sus dientes, deleitándose con la carnosidad que iba percibiendo. Al no encontrar eco, presionó la rodilla contra su ingle. Lo sintió temblar debajo suyo, y para su sorpresa, el beso comenzó a ser correspondido, mas no mansamente, como hubiera esperado, era más bien como si el otro hubiera aceptado un reto, lo besaba también con ansia, se podía decir que hasta con violencia, atrapaba su boca toscamente, barría su lengua, mordía sus labios mientras pellizcaba sus muslos, y esto, sorprendentemente, lo satisfacía más que el chico apacible de su sueño. Pero no iba a dejarlo ser el agresivo así como así. Siguió acariciando los botones carmín de su pecho con aspereza, los haló con las uñas, y cuando esto provocó un jadeo, fue a morder su clavícula, libó la capa con deleite, regodeándose en el sabor de la piel, del aperlado sudor que recubría la ardiente superficie. Inhaló su aroma, no olía lo que se diría rico, era un olor sensual, penetrante, que lo incentivaba. Lo deseó aún más.

Para acentuar su sufrimiento, Changmin se abrió paso hacia su ingle, acariciándola despacio, con dureza. Le sorprendió el escuchar un gemido de su propia voz. Fue un pequeño descuido solamente pero, cuando terminó su pensamiento, Changmin ya lo había volteado y era quien estaba encima ahora, rompiendo la superficie del agua mientras recorría sus costados. Se veía atractivo concentrado, con el cabello flotando sobre su frente y los ojos bajos, fijos en algún punto medio de su cuerpo. Se sintió un poco avergonzado. Pudo escuchar cómo intentaba controlar la cálida respiración que se impregnaba en su belfo.

Decidió romper la calma: tomó a Changmin por la nuca y lo atrajo hacia sí rudamente. Sus bocas chocaron, volviéndose más sensibles. Ese beso comenzó más suave que el anterior pero fue intensificándose conforme se olvidaban del lugar y del frío, y se concentraban en el contacto del otro cuerpo. Yunho enterró una mano en el espeso cabello de Changmin, lo jaló, frotó su nuca, y con la otra mano arañó su abdomen, deseando hacerlo temblar.

La temperatura del agua y de su cuerpo lo asfixiaban, mas no quería dejar de degustar esa delicia. Y no necesitaba preguntarlo, sentía claramente cómo el deseo de Changmin se expandía junto con el suyo en cada roce piel, en cada ocasión en que sus labios se oprimían. Queriendo sacar ventaja incluso estando abajo, tomó los muslos de Changmin por la parte externa, los separó y lo sentó encima suyo. No muy seguro, el otro rompió el beso. Instintivamente, Yunho siguió la estela de su aliento, lo miró a los ojos: la insegura voluptuosidad se cristalizaba en la superficie, no dejaba ver sus sentimientos mas irradiaban una diáfana pasión que le oprimió el vientre.

Un momento se quedaron mirando. Yunho evaluaba qué hacer, hasta dónde podría llevar su rebosante concupiscencia. ¿Changmin estaría pensando lo mismo? Sentía que sí. Atrapó la cintura del otro y éste se fue contra su boca de nuevo. La sensación se hundió de lleno en su plexo. La humedad y la tibieza de la lengua de Changmin empañaron su conciencia, el ardiente rocío se regó, quemándolo con un tortuoso escozor que alcanzó cada esquina de su ser. Era un beso demasiado salvaje, le había quitado el aliento en un instante, pero no podía detenerse. Mordió aquella lengua buscando una oportunidad para recuperase pero…

El sonido de las puertas corredizas.

Changmin se alejó inmediatamente. Se miraron perplejos.

-¿Estarán afuera?-se escuchó.

Inmediatamente se acomodaron a una distancia aceptable y trataron de disimular calma.

-¿Ya pedimos algo para comer?- les preguntó animado Junsu, abriendo las puertas. Vestía una yukata color pergamino y un obi azul oscuro con dragones bordados en color hueso.

Asintió.

-Mm… ¿Como qué quieren comer?

-Lo que quieran está bien- dijo Yunho.
-Yo no tengo hambre. Voy al sauna- atajó Changmin secamente, saliendo del agua.

-¿Qué le pasa?- cuestionó Yoochun.

-No sé- dijo simplemente sin atreverse a mirarlos y se salió también, cambiándose la toalla de la cintura y poniéndose otra en la cabeza para amortiguar el sonido de su respiración ahogada.




continuara....



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Minnie Chibis by Lisalin



Les traigo un special chibis de minnie *-* son muy cutes ~~


















credits: as tag
re-upload: changminyaoi


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Im back~


Al fin volvi con el blog, lo tenia abandonadillo D:
Ya ha pasado casi un mes sin actualizar ni nada...Razones: problemas de salud + vacaciones + problemas X...
Pero al final decidi volver...Tal vez ya nadie vea este blog, pero aun asi seguire posteando fics de Changmin y fanarts n_n




Reglas en el cbox:
-No hablar mal de alguna couple de Changmin, sino te gusta esa pareja reservate la opinion porfavor. Les recuerdo que estamos en CHANGMIN YAOI, aqui se aceptan TODAS LAS COUPLES DE CHANGMIN...esta bien si no te gusta alguna de ellas, pero hay fans que si pueden gustarles.

-la PUBLICIDAD sera borrada, la idea es chatear por ahi, no promocionar ni llenarlo de links -_- Si quieren afiliacion mandenme un mail a changminyaoi@gmail.com *O*




Chibi Changmin & Mandongie~
paint-colours-rainbow

credits: maxbar

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sábado, 17 de julio de 2010

Carta de una CASSIOPEIA para MAX

Les traigo algo que tengo muchas ganas de compartilo con uds. tal vez ya ni vean esto, o tal vez ni entre en mi log, aun asi lo mostrare en ciertos foros....No es de modo de justificarme mi actitud y mi "odio" hacia el yunjae y el yoosu, pero he aqui una carta que me toco el corazon, como tantas otras, y es una verdad, paso hacen algunos años atras...



continua dentro...












Source: [Daum Television]
Translation credits: jeeelim5@tohosomnia.net
Shared by: tohosomnia.net
Do not remove/add on any credits

traduccion al español: Maca Shim (yo)/ changminrocks! o Max

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martes, 6 de julio de 2010

TVXQ x Changmin couples Manga/Manwa


yun, min, jj, su, chun




HoMin *¬*


MinSu *__________*


JaeMin *O*


YooMin kawaii^^


creditos: as tag

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sábado, 3 de julio de 2010

Beso Carmesí


-Por favor, le aseguro que nadie lo sabrá, solo sea amable conmigo…-murmuro una joven de abundante cabellera rojiza, cerrando los ojos acercándose con timidez al Joven frente a ella, quien con delicadeza propia de su título actual, aspiraba el aroma de la chica quien mantenía el cuello levemente inclinado y el rostro sonrojado, deposito una sutil y fría caricia sobre la zona, que provoco un escalofrío en la mujercita.





-…tranquila señorita…-un suave murmullo aterciopelado, la tibieza del aliento chocando contra el lóbulo… haciéndola temblar…apartando el cabello con una intrínseca caricia…

La puerta se abrió de forma brusca y repentina, las pupilas se dilataron y los colmillos propios de un depredador atravesaron la piel clavándose en la yugular, la chica solo ahogo un grito sorprendido, gimiendo quedamente después, recargándose de forma brusca sobre un mesón de caoba tirando un finísimo florero, que se estrello de forma ruidosa contra el piso…

La calidez del elixir se deslizo por su garganta, sin dejar de succionar ni un segundo, hasta casi sentir la vida de la muchacha escapársele entre las manos...Se separo lentamente, lamiendo la herida que había dejado sobre el cuello, la cual cerro instantes después, tomándola con fuerza entre sus brazos la recostó con delicadeza sobre un suave y cálido sillón, incorporándose con imponencia girando el rostro para observar a la persona que había visto todo y que a pesar de no ser la primera vez en presenciar algo similar, aún temblaba asustado escondiendo su confusa y turbia mirada de él…

La mirada escarlata lo atravesó completamente, obligándolo a tensarse, pues el bien sabía que estaba viendo más allá de su propio ser, enfoco su mirada en esa joven, que como muchas otras se ofrecía con descaro, intentando así alejar esa extraña corriente placentera al verse reflejado en esos dulces ojos matizados en sangre.

-Changmin-ah… ¿Estás bien…?-deslizo en un susurro, caminando hacia el nombrado, deteniéndose justo donde se encontraba el florero roto, agachándose para recoger los vidrios que se encontraban desperdigados por el suelo.

-Sí…Gracias…-respondió con un tono ronco, acercándose e hincándose a su lado, recorriéndolo con lasciva y lujuria, adorando el estremecimiento del cuerpo contrario al verse presa de semejante mirada, porque cada vez era más difícil ignorar el líquido susurro de la sangre fluyendo a través de sus venas, llamando e incitándolo a tomar su vida como propia y atarla lenta y placenteramente a él, a sus deseos, a su cuerpo…Cerró los ojos despejándose un momento y estos volvieron a su color natural, aunque la turbia mezcla de sentimientos aún se reflejara en ellos.

El joven pelinegro se sintió agitado, algo en la mirada del mayor removió su interior de forma inexplicable, respiro profundamente intentando relajarse, Changmin siempre notaba cuando se alteraba y esa ocasión no sería la excepción, tan abstraído estaba que tomo un vidrió astillado que le hizo un corte pequeño, obligándolo a tirar los vidrios que sostenía en su otra mano, tras dar un respingo sorprendido.

-Minho ¿Estás Bien?-indago preocupado tomando la mano del menor, mientras el olor de la sangre hizo despertar de nuevo sus instintos, a pesar de no sentir hambre, al menos de alimento, ya que el ansia que nacía desde lo más recóndito de su ser era un hambre de calor, de cercanía, de unión…

Minho tembló y sus ojos se oscurecieron, changmin se llevo su mano lastimada a los labios, tragando la sangre paseando su lengua con delicadeza por la zona, inundando repentinamente el ambiente de una abrumadora e inquietante tensión sexual, los labios del castaño besaron la zona tenuemente, antes de volver a lamer la herida, las palpitaciones en el cuerpo de Minho resonaban con fuerza en su cabeza, no fue consciente de cómo pero sus colmillos comenzaron a raspar la enfebrecida dermis; Y justo cuando estaba a punto de morderlo, el jadeo de Minho con su nombre impreso en él lo hizo regresar a la realidad, alejándose con más brusquedad de la deseada del moreno, quien lo miró dolido, triste y sorprendido sujetando su mano cerca del pecho, con la respiración claramente acelerada.

-¿Por qué…?-alcanzo a murmurar el más bajo, inclinando la cabeza para que el cabello le ocultara la mirada.

-Porque no pienso atarte a una existencia miserable como lo mía…-respondió con voz amable y apacible tan ligera y susurrante que era indiscutible.

-¡¡Pero tú!!-alzó un poco más la voz callando al instante hundiéndose más en sí mismo aún en el suelo.

-Sé lo que te dije, pero aún eres demasiado joven e ingenuo y no voy a ser yo quien se robe tu vida…

-Es una decisión que aún no estás preparado para tomar…-Le murmuro con la serenidad renovada acariciándole el cabello, regalándole un suave beso en la frente, que se sintió bien, y les acomodo el mundo de nuevo.

Changmin se puso en pie y ayudo a Minho a hacer lo mismo cuando escucharon pasos acelerados acercarse por el pasillo.

-Es nana ella sabrá que hacer…-le dijo al oído, rozándole la piel adrede cuando desapareció envuelto en una ligera ventisca.

-¡¡Mi niño!!-resonó el llamado por toda la estancia, girando a ver a una mujer regordeta y de mediana edad, con expresión maternal, que entro presurosa a la habitación seguida de dos hombres de buen aspecto, quienes cargaron a la inconsciente pelirroja.

-Llévenla a casa con cuidado y sean discretos…-ordeno la señora recogiendo rápidamente esos cristales, colocándolos en el mandil que colgaba sobre sus faldas.

-¿Donde está él conde corazón?-

-Changmin hyung debe estar en su habitación…-Recalco el nombre del mayor.

La señora soltó una risita encandilada, con un agradable rin tin tin picaresco, Changmin odiaba que lo llamarán Conde, y Minho era bastante dócil y complaciente con él, pues estar en Europa no le agradaba y el menor hacía todo para hacerlo sentir más cómodo.

-Ese mocoso-gruño con falsa molestia recogiendo el último de los cristales-…Ha estado a punto de descontrolarse últimamente, aunque es un verdadero beneplácito, que las señoritas se le ofrezcan a penas verlo…-murmuro apreciando de reojo el seño fruncido de Minho.

-Pero sabes lo que él piensa sobre eso… no quiere intentar convertir a nadie…-refuto el menor con voz temblorosa.

La mujer se giro a mirarlo acariciándole el rostro, viéndolo con todo el orgullo maternal que sentía por él, dejando un momento sus quehaceres.

-…Y sabes que si por él fuera hace mucho tiempo te hubiese convertido, pero eres especial, de hecho eres la única persona lo bastante apta para ser vampiro con la que se ha encontrado en estos últimos años, pero la transformación implica experiencia y un intercambio igualitario de energía, aún no estás listo, además puedo entenderlo…él quiere que tengas siempre las libertades que al ser vampiro se te restringen…para empezar atarte a una noche eterna…-Minho le sonrió y la mujer suspiro aliviada internamente, había sonado lo bastante convincente para que desistiera, al menos en esta ocasión, y así darle más tiempo a Changmin de pensar las cosas con serenidad.

-Oh te cortaste…-indago curiosa.

-Fue solo un rasguño, hyung lo curó…-le dijo con las mejillas encendidas.
-Ya veo porque salió huyendo…-comento la dama con jovialidad-…Es una de sus múltiples habilidades, sin mencionar que a veces logra una visión bastante subjetiva de él mismo en los demás cuando los besa…-comento de forma casual- ¡Ah! Pero no te preocupes tu puedes conquistarlo corazón eres inocente y te avergüenzas con facilidad, cualidades fetichistas bastante atractivas para él, además siempre hueles a moras o a vainilla, así que tienes puntos extra por eso…-le guiño un ojo y le entrego la rosa que yacía anteriormente en el florero, saliendo presurosa de la habitación, largando una ruidosa carcajada.
-¡¡NANA!!-Avergonzado se hundió un poco en sí mismo, riéndose quedito de las bromas insinuantes de la mujer.

Se dirigió hacia la ventana y se sentó con cuidado sobre el alfeizar, un silbido relajante le atravesó los oídos, proveniente del enorme jardín que observaba en esos momentos, recargo su frente sobre el cristal encontrándose con su reflejo, mirando el tranquilizador movimiento que realizaban los arboles, eran cerca de las 3 de la mañana y el no tenía nada de sueño, estaba demasiado acostumbrado a la noche.

Introdujo su mano por un pequeño hueco que se formaba entre su saco, abriendo el primer botón de esa camisa escogida con bastante meticulosidad para él, y saco una botellita de cristal, que colgaba anudada de esa cadena de plata que rodeaba su cuello, con brillantes alas bañadas en oro blanco y un zafiro azul incrustado en el centro, de quien más podía ser ese regalo que no fuera Changmin, abrió el frasquito con cuidado y se lo llevo a los labios, un amargo sabor se deslizo por su garganta y tembló estrujando la tela de sus pantalones, eso era tan desagradable, respiró profundamente mientras ese atisbo de advertencia trastabillo en su mirada apreciándola en su reflejo tras recorrerle todo el cuerpo, no quería que Changmin se fuera, no quería quedarse solo…Y siempre que él iba a ausentarse esa horrible sensación de desasosiego se instalaba en su cuerpo, porque cada vez eran más frecuentes y más largas sus ausencias y lo sabía el no soportaría mucho más…

Cerró los ojos dejándose dominar por el cansancio, aprisionando la rosa con fuerza entre sus manos, clavándose las espinas en las palmas, dejando solo unos diminutos puntos enrojecidos…


*~*~*~*~*~*~*~*~*


Changmin entró con dificultad a su habitación y se encerró intentando evitar así que el irrefrenable deseo que surgía de su interior como el rugido de un animal salvaje se descontrolara completamente.
Solo por el hecho de que ese niño era especial, de los pocos seres humanos que hasta los más puros y retrogradas de su raza, consideraban valiosos y anteponían su protección incluso a la vida de más como ellos.

Pero él lo sabía, lo supo desde que lo encontró, no lo dejaría ir de su lado nunca, aún así las cosas no eran tan sencillas, la esperanza de vida de esos seres humanos era relativamente corta, muchos no pasaban de los 25 años, sin mencionar las complicaciones de la transformación, que no eran más que una gran mentira, Minho incluso con 8 años podría haberlo soportado, ni si quiera había dolor, el único problema es que él no sabía manipular la situación, ¿cómo transformarlo sin que el acto se complicara y envolviera en una nubosidad erótica?, siendo el moreno un niño nunca hubo dificultad alguna en estar cerca de él incluso hambriento, pero actualmente cualquier acercamiento inconsciente era como fuego, ardiente e incontrolable, sin mencionar que el cuerpo del moreno respondía a su cercanía, aun sin darse cuenta, abusar de las reacciones de sus cuerpos no sería justo para él, ¿Dónde diablos se metían sus padres cuando los necesitaba?, tenía cerca de 50 años de no verlos.

Suspiro con fuerza encaminándose a paso trémulo hacia su cama, donde se desplomo sin cuidado y se sujeto la cabeza con fuerza, mientras todos sus pensamientos giraban en torno a él, otra vez…
Pero qué demonios el no podía ser tan egoísta, se paso la mano por el pelo, poniéndose en pie de un salto, de un tirón se despojo de sus prendas manchadas de sangre, dejando como única espectadora de su escultural cuerpo, candidato idóneo a próximo dios griego, a la luna rodeada de soledad nocturna.


(¡¡Sí!! yo estaba ahí XDDD avísenme si querer las fotos *W* *babas*)


Se coloco una finísima camisa de Satén y un enorme saco negro decorado con delicados bordados en dorado, que le cubría todo el cuerpo casi hasta las rodillas, giro hacia su escritorio y tomo un pequeño baúl lleno de documentos, sería mejor apresurarse o no llegaría a tiempo a su compromiso antes de que el sol saliera, que si bien era un mito que lo mataba era molesto y agotador exponerse a él.

Se precipito por los pasillos con velocidad sin hacer el menor ruido posible, dirigiéndose sin darse cuenta al salón en el que había dejado a Minho, abrió la puerta con cuidado solo para encontrárselo dormido en el alfeizar de la ventana, esa manía nunca se la había podido quitar.

Suspiro sonriendo, tenía bastante tiempo que no lo observaba bajo la luz de la luna, recorrió con hambre cariñosa cada línea de su cuerpo, cada arruga en la ropa, cada respiro, cada latido, cada maldito pequeño detalle que lo hacía estremecer como un adolescente hormonado, que él era cualquier cosa pero hace un par de siglos que había dejado de ser un adolescente.

Se sonrió de sus propias maquinaciones y dejo sus cosas en la mesa, se acerco a Minho tomándolo entre sus brazos, su cabeza reposo sobre su pecho mientras el cabello le hacía cosquillas en el rostro, aspiro profundamente cuando obligo al subconsciente de Minho a aferrarse a su cuello, resultando aún más inútil el calmarse pues de nuevo ese hipnotizante aroma lo inundo completamente, agitado se dirigió a la habitación del menor , una vez ahí lo deposito en la cama tomando con delicadeza esos delgados brazos que se aferraban a él sin querer soltarlo, colocándolos a cada lado de su cuerpo.

Desabrocho los primeros tres botones de la camisa de forma distraída, hasta que nuevamente sus dedos se deslizaron por el cuello, sintiendo el flujo y reflujo de la sangre, Minho en su estado de inconsciencia se giró un poco dejando expuesto la totalidad de su cuello.

°Incitante…°

Se murmuro así mismo mentalmente dando un paso atrás concentrándose en esconder los colmillos que salieron tras ese simple gesto, dio otro paso atrás, inseguro, pero un abrasador impulso lo arrojo hacia Minho, subió a la cama a gatas deslizándose como una feroz pantera a punto de atacar, posicionándose de forma sensualmente dominante sobre él, sus ojos comenzaron a oscurecerse hasta volverse dos rubíes escarlata, mientras con un sigiloso tirón termino de abrir la camisa del chico, que aún en su ordenado estado de sueño comenzaba a inquietarse, dio una suave lamida a la piel cerca del ombligo, notando la agitación del menor en su propio cuerpo, cerró los ojos e inició su recorrido de forma ascendente, parando sobre uno de los tiernos y endurecidos botones, dedicando una lenta caricia al lugar, arrancando un suspiro placentero de Minho, que ignoró rotundamente, cuando sintió la piel palpitar entre sus labios, subiendo hasta el cuello acariciando con sus labios sobre la yugular…

Su pulso incrementando y una errática confusión azotándolo por completo…

Los colmillos raspando, el cuerpo bajo el contrayéndose en deseo, tomó el rostro con delicadeza entre sus manos…

Y entonces su boca se inundo de un extraño sabor metálico ajeno al de la sangre, abrió los ojos sorprendiéndose del estado en el que se encontraban, observo con detenimiento la cadena que rodeaba el cuello del menor, quien se mantenía ajeno a todo lo ocurrido, o al menos eso era lo que él creía.

Esa antigua cadena fue el regalo que le dio esa primera noche que paso en su casa, pensó que ya ni si quiera existía, la acaricio con nostalgia y se desplomo completamente sobre Minho abrazándolo muy despacio…
Le regalo un suave beso en la frente y cuando se hubo dado cuenta ya estaba en su rustico carruaje de camino a la ciudad…


*~*~*~*~*~*~*~*~*


Abrió los ojos, sentándose de golpe en la cama apenas escucho la puerta cerrarse, intentando al menos respirar, su cuerpo estaba hirviendo y aunque no pudiese verse en un espejo, el color de su rostro sería evidente, aún sentía el tacto seguro y delirante del mayor sobre su piel, y un ansia sexual estaba apoderándose muy lentamente de todo su ser, la mente de Chang se unió a la suya por unos breves instantes, y un sin fin de tórridas escenas eróticas y fantásticas comenzaron a desfilar en su cabeza, sofocándolo, no era solo el anhelo de aferrarse a una vida eterna, le quería y deseaba estar siempre a su lado…

-ughm…- un quejido tembloroso escapo de sus labios, incluso el rozar de su propia piel lo encendía, un escalofrío lo atravesó por completo, al dejarse caer sobre la cama, abrazándose inseguro, su mano se deslizo por el suave edredón aprisionando con mucha fuerza la carta que aceptaba su petición, cerró los ojos intentando tranquilizarse, temblando notoriamente, largando una sonrisa extraña…Perdiéndose rápidamente en el mundo de Morfeo, al menos en sus manos estaba el anclaje para estar siempre cerca de Changmin…


*~*~*~*~*~*~*~*~*


Su mirada vagaba perdida por los arbustos que dejaba atrás, como oscuras manchas ensuciando un lienzo en blanco, suspiro frustrado, no podía condenarlo por el simple hecho de quererlo para él, ni siquiera…ni siquiera estaba seguro de estar realmente enamorado, era una decisión arbitraria y egoísta, el mismo había sufrido ese tormento a pesar de haber nacido siendo un vampiro y que ahora viviese de forma tranquila, no quería decir que no se sintiera culpable cuando lastimaba a las personas aun sin quererlo, su mirada viró de nueva cuenta al camino rememorando los detalles de su primer encuentro, mientras las piedras del sendero repicaban contra las enormes ruedas del carruaje generando un ruido fiero amortiguado por los relinchidos de los caballos, que se camuflaban perfectamente con la negrura del bosque…

-----FLASH BACK-----


Una sombra se mimetizaba con la oscuridad de la noche, vagando por la devastada aldea, las casas destruidas y el aroma a dolor y muerte le atravesaban los sentidos, ni siquiera había una razón lógica para estar en ese lugar, la rudeza de la epidemia era más que obvia y el paso de los ladrones al notar a la población débil se hacía evidente a cada segundo que permanecía en ese lugar, observo con detenimiento todo a su alrededor, tomando forma y agudizando sus sentidos como si esperase encontrar algo.

Dio media vuelta y comenzó a alejarse de la pequeña villa, cuando su estancia en lugar no parecía ser necesaria, camino casi hasta llegar al bosque, y una muy débil pero agitada respiración lo hizo voltear y afilar la mirada buscando los indicios de algún otro sobreviviente y la ubicación exacta de quien lo llamaba, por extraño que pareciera el comenzó a agitarse llevando el mismo ritmo respiratorio que el de aquel desconocido, regreso unos cuantos metros deteniéndose frente a una pequeña y maltrecha casona, su sangre comenzó a correr con violencia y una palpitación fortísima lo hizo dar un traspié, adentrándose a la casa, su rostro adquirió una frialdad escalofriante, 2 cuerpos con claros indicios de haber sido asesinados estaban tirados sobre lo que parecía la alfombra de una acogedora sala, atravesó velozmente el lugar cuando un crujido se escucho tras una de las puertas.

En un rincón de la habitación había un cuerpo menudito hecho bolita, era un niño de no más de 8 años, al parecer estaba enfermo y asustado, de dos zancadas llego al pequeño, lo tomo en brazos y lo saco a prisa de la casa, mirando de reojo los cuerpos que yacían inertes en el suelo.

-Mamá…-murmuro anhelante el niño, una furia y una tristeza incomparable lo embargo repentinamente, más no podía quedarse a meditar las cosas, así que se apresuro en alejarse de ahí, cuando hubo llegado a la tranquilidad del bosque, un pequeña llama creció y el fuego se extendió con velocidad, demasiado indescriptible, consumiendo todo sin dejar rastro alguno, Changmin entonces sujeto con fuerza al niño, envolviéndolo con la enorme capa que había colgado sujeta a su cuello, tras un iracundo suspiro, se vio viajando con el viento llegando en unos segundos a la entrada de su actual residencia.

-¡Nana!-Grito adentrándose a su hogar de forma estruendosa.
-Changmin ¿Qué ocurre?-murmuro una mujer que alarmada, se acerco a él reparando en el diminuto bulto que traía entre las manos.

-Está enfermo…-sin pensarlo ni un segundo, La nana lo tomo rápidamente entre sus brazos, corriendo escaleras arriba internándose en la primera habitación del pasillo, corrió al baño y trajo consigo unas toallas húmedas y una camisa de Min, lo limpió y cambio con delicadeza, metiéndolo segundos después entre las mantas.

-¿Qué sucedió?-pregunto a Chang quien no había dejado de mirarlos ni un instante, sacando de un pequeño armario varios frascos. Con distintos polvos y líquidos.

-Solo cúralo…- hablo de forma imperativa colocándose a su lado, murmurando quedamente suaves y curativas palabras hacia el niño implantándole algunos cuantos recuerdos suyos para que no se asustará, aunque parecía raro, que sus exigencias fuesen captadas tan bien por el infante.

Su nana se apresuro a darle la medicina acomodándolo de nuevo para que durmiera profundamente, el castaño fue a sentarse tranquilamente sobre el alfeizar de la ventana, donde esperaría a que despertará.
-Cuídalo bien tal vez el que esta noche hallas acudido en su ayuda sea solo obra del destino, por cierto ¿cómo se llama?…-

-Minho…-y la mujer salió después de otorgarle una sonrisa comprensiva, cerró las cortinas de la habitación confirmando sus sospechas, así que tal vez podía ser él uno de ellos.

Se sentó a los pies de la cama, donde esperaría pacientemente a que el niño despertará, aún era tarde y lucía débil, dormir un poco no le haría mal, así que cerró los ojos…

Para cuando volvió abrirlos se encontró recostado en la cama siendo observado por dos ojitos curiosos, y una pequeña boquita que se curvo en una sonrisa tímida al verlo incorporarse en la cama, valla sí que había dormido, incluso sobre el buro había un vaso con agua y fruta mordisqueada.

-Nana, trajo comida, dijo que cuando despertaras fueras con ella y que más te valía no haberte pasado con migo o haberme lastimado, porque te los iba a cortar…mmm… sí eso me dijo, bueno de hecho no lo dijo pero lo murmuro cuando entro y vio que dormías abrazándome, entonces yo pensé que el recado sería importante, lo que sea que signifique…-murmuro viéndolo con curiosidad, y esa mirada lo hizo sonrojarse, sintiéndose como un pedófilo enfermo, dándole la razón a la nana, por sospechar de sus impulsos.

-¿Hyung entonces ya no voy a ver a mis papas de nuevo?-pregunto buscando su mirada, Changmin se levantó pensando en que decirle al pequeño.

-No por ahora pero si eres bueno podrás ir al mismo lugar que ellos…-y se sentía estúpido él ni si quiera era de ese tipo de ideas, como diablos podía estar hablando de un “lugar” para la gente buena.

El pequeño Minho se bajo de la cama dando un saltito, corriendo por toda la habitación tras Changmin pues este no se quedaba quieto.

-¿Entonces si existe el cielo?-pregunto sin dejar de seguirlo.

-Pues si ¿acaso no lo ves?-

-uhum, sí, pero yo no sé volar…-

-Pues algún día aprenderás…-respondió con brusquedad, aunque Minho parecía no haberlo notado.

°Amargado de seguro hizo algo malo y por eso sus papas lo castigaron y ya no viven con él° un ligero tic comenzó a aparecer en el ojo izquierdo de minie, Minho no hablo estaba seguro de eso, pero si lo pensó, °Me pregunto que le hará nana si le digo que lastimo mis sentimientos°

-¡¡Nada, porque trabaja para mí, además es mi nana, no la tuya!!-respondió infantilmente parando en seco haciendo que min chocará con sus piernas y se fuera de sentón contra el suelo, riéndose torpemente, buscando de nuevo su mirada levantando las manos para que lo alzara.

-¿No crees que ya estas grande para qué te carguen?-Más aún así lo levanto y se lo puso sobre los hombros.

-Es que estas muy grande y no te alcanzaba…-respondió comenzando a picarle los oídos y la frente.

-¿Y ahora que haces?- suspirando frustrado comenzando a moverse.

-Busco de donde sale el ruido de tu cabeza, cuando estabas dormido pensabas en tus papas y en que ya no están contigo, y yo podía escuchar, y también sabías que estaba pensando, pero ya busque y no tengo hoyos en la cabeza por donde se escape el ruido…-dijo inocentemente, sacándole una sonrisa tierna al mayor.

-¡Hey deja!-dijo atrapando sus manos- es algo que cuando estés grande te voy a explicar, solo necesitas saber que no tenemos hoyos por donde se nos escape el ruido…-

-Yaaa, pero yo soy grande…-murmuro intentando sonar convincente.
-Pero no eres lo suficientemente listo…-

-Si soy listo lo que pasa es que quieres mantener el control…-refuto con un puchero, haciéndolo reír de nuevo.

-Pero que te parece si hacemos un trato, si tú me cuidas vas a dejar de estar triste por tus papas ¿verdad? y yo también y entonces no habrá problemas y nos llevaremos bien ¿cierto?-murmuro jugueteando nervioso con su pelo.

-Supongo…-y se vio asintiendo, con una leve sonrisa.

-Bien, trato hecho jamás deshecho…-continuo palmeándole las mejillas con fuerza.

°¡Auch, mocoso!°

°Tú también eres mocoso, la nana así te llama° Ambos rieron infantilmente.

-Bueno toma, es un regalo, que afianza la validez del pacto…- le dijo Chang extendiéndole una pequeña cadena.

-Gracias está muy bonita…-le dijo dándole un extraño abrazo pues solo podía abrazarle la cabeza.

Y comenzaron a reír de nuevo, con el tiempo y en uno de sus descuidos Minho descubrió lo que era, por suerte después de una explicación exhaustiva se quedo satisfecho, insistiendo en que lo hiciera un vampiro, el alego que no, porque era un niño y dolía, pero sabía que no podía retrasarlo tanto, después de eso comenzó a crear una barrera para que ninguno de los dos pudiera acceder a la mente del otro, no quería que después todo comenzase a complicarse, y menos que viera sus recuerdos, tal vez se traumaba y ya de por sí era raro verlo de noche, sin mencionar que ya no era solo el anhelo de hacerlo feliz, por el supuesto trato que habían hecho…

°Si no quedarse conmigo toda la eternidad…°


-----END FLASH BACK-----



Parpadeo confuso, ubicando su mirada frente al Márquez, quien le sonrió como si hubiese estado esperando que terminara de cavilar mentalmente.

-Buenas Noches-saludo haciendo una leve reverencia, a pesar de que el castaño frente a él lucía aun más joven que Changmin, era casi tan viejo como su padre.

-Buenas Días querrás decir ¿no?-rectifico sonriendo de forma graciosa.

-Por cierto te aviso que te quedaras unos días en mí casa…-

-Está Bien.-respondió comenzando a caminar tras el Márquez, adentrándose al imponente edificio que correspondía solo a la biblioteca de Jinki.

°Intentas distraerte, pero ya empiezas a extrañarlo, ¿Cuándo te decidirás?°

-El ser viejo no te otorga tantos privilegios así que sal de mi cabeza…-
Una leve y burlona risita hizo temblar los hombros de la persona frente a él.

°Pero el ser viejo me otorga sabiduría, además el campo alrededor de tus pensamientos era muy débil, por cierto que tiernos resultaron tus recuerdos…°

°Tsk…eres tan similar a ellos…°

Ambos rieron sin poder evitarlo, perdiéndose por los enormes pasillos de esa biblioteca, cerrándose las puertas tras su entrada.


*~*~*~*~*~*~*~*~*


-¡Minho!-

La cabeza le palpitaba horriblemente, casi a punto de estallarle, sudaba copiosamente, los músculos estaban tan tensos que cualquier simple movimiento era comparable a arrancarle la piel, su temperatura era demasiado elevada y su respiración sumamente irregular, la nana solo podía observar cambiando constantemente algunos pañuelos mojados con agua helada, hacía tanto tiempo que Minho no tenía una recaída de ese tipo, necesitaba que Changminie decidiera pronto, era doloroso y frustrante ver a su pequeño en esas condiciones, débil e indefenso, un suspiro acongojado escapo de la mujer al darle otra fuerte dosis de medicina, para unos instante después verlo relajarse un poco, dormitando sobre las húmedas sabanas.

-Apresúrate mocoso, egoísta, insensible…-la mujer se limpió preocupada las lagrimas que amenazaban con desbordarse en cualquier momento.


*~*~*~*~*~*~*~*~*


Changmin estaba inquieto y cansado, no había dormido nada en 2 días y se la había pasado encerrado en la biblioteca con Jinki, quién no había parado de hablar ni un mísero segundo de lo maravilloso que era tener un compañero, que si taemin esto, que si taemin lo otro, que incluso aumentaba su fuerza y quien sabe que tantas cosas más, y Changmin solo podía asentir, frunciendo de vez en vez el seño, porque lo que le estaba diciendo lo hacía a propósito para fastidiarlo, era frustrante e incluso le tenía envidia, el pequeño remolino iba de tanto en tanto a ver a jinki diciéndole que no se esforzara de más, le daba un beso y le sonreía de forma cariñosa, jinki le correspondía como idiotizado, le revolvía el cabello y taemin salía corriendo más alegre a como había entrado, haciendo un montón de ruido, la última vez que había entrado le dijo que se iría a dormir porque estaba esperando a un invitado.

Suspiró por millonésima vez en lo que llevaba ahí, al principio había estado ansioso, pero ahora incluso estaba preocupado, algo le molestaba y no sabía que, nana y Minho estarían bien había un montón de empleados que tenían orden especificas de protegerlos, así que ahora después de recordar eso se supone debería estar más tranquilo, pero no…no era así, y ahora estaba amaneciendo de nuevo…


*~*~*~*~*~*~*~*~*


Abrió los ojos sentándose de golpe, mientras un escalofrió le atravesó la columna se llevo las manos al rostro intentando espabilarse, para después observar con calma las palmas de sus manos.

-3 días…dormí cerca de 3 días…-

Se puso en pie con agilidad aventando las mantas por ahí, por suerte después de que esos ataques lo tiraban sobre la cama, podía levantarse con mucha facilidad después de haber descansado un poco, ahora su mayor preocupación era saber qué día era, corrió al baño para 5 minutos después salir bañado envuelto en una toalla, abrió ese enorme y rustico ropero con brusquedad, sacando la ropa sin cuidado, vistiéndose apresurado, serían como las 9 de la mañana, una vez vestido, saco del cajón de su buro una libreta, la última vez que escribió sobre ella era sábado 20 de junio un día antes de que changmin se fuera, si llevaba cerca de 3 días dormido, era 24 de junio.

Se acomodo el cabello y salió presuroso de su habitación, no podía ser cierto, al menos aún tenía tiempo, regreso sobre sus talones y rebusco esa carta en uno de sus cajones, la tomo y la guardo entre sus ropas.
Corrió con todas sus fuerzas hacia el establo, tenía que apresurarse, no podía perder esa oportunidad, se acomodo la capa que había tomado de la cocina antes de revisar que nana estuviera lo suficientemente ocupada como para notar su ausencia, desacelero el paso y se acerco a esa hermosa yegua color blanco, “Lunaris” quien fuese su caballo favorito, acaricio su rostro contra ella, susurrándole su petición con cariño, no tenía tiempo de ensillarla, así que tomo un fuerte impulso y se subió con apremió sobre su espalda, se abrazo al cuello y la golpeo levemente, obligándola a andar, perdiéndose rápidamente entre la espesura del bosque, con su vida colgando de esa desesperada decisión.


*~*~*~*~*~*~*~*~*


Ya estaba cerca, podía vislumbrar el amurallado que rodeaba la puerta de entrada a la casa del Márquez, Lunaris largo un ruidoso relinchido y aceleró la marcha, para cuando estuvieron a unos 10 metros de las puertas estas estaban siendo abiertas con rapidez, atravesaron la entrada, y Minho sintió un vuelco en el estomago, se abrazo inseguro a su yegua, pero ya era tarde para arrepentirse, pues en las puertas de entrada había un hombre mayor con expresión seria esperándolo.

-El joven lo espera en su habitación sígame…-

Con pasos inseguros camino tras el hombre a penas bajar de su adorado caballo, observando a un joven llevarlo a lo que suponía debería ser el establo, estaba nervioso, esa casa era inmensa y el aura era extraña, se sentía distinto a su hogar, más aun así volvió a suspirar intentando controlar los temblores de su cuerpo, como le hubiera gustado que Changmin fuese quien lo transformara, aprisiono con mucha fuerza la cadena que colgaba de su cuello por sobre la ropa, una vez que estuvieron frente a unas puertas de madera.

Toco 3 veces, después de que el mayordomo hiciera una reverencia y se retirara por el pasillo, erizándose asustado cuando una voz infantil y risueña murmuro un suave “adelante”. Empujo la puerta con lentitud, encaminándose hacia el centro de la habitación, que lucía demasiado aniñada,las cortinas se abrieron repentinamente aturdiéndolo unos segundos, dirigiendo su vista hacia los pies de la cama, donde había un pequeño de apariencia no mayor a los 15 años que perfilaba una sonrisa similar a la de esas tenebrosas muñecas de porcelana, aún así era lindo.

-¡Hola! Tú debes ser Minho, yo soy Taemin-se dirigió a él con un
cantarín tono de voz.

-Si…un gusto…esto…gracias por responder a mí carta tan rápido…-

-Hay ni lo menciones, además luces como todo un hyung y eres guapo- dijo brincando sobre su lugar haciendo sonreír a Minho.

-Oh pero Jinki me dijo que tu vives con el conde, ¿acaso no se llevan bien?-indago con una carita de pena.

-Oh, Hmm… eso es solo que no concordamos en este aspecto…-murmuro sonriendo torpemente arrugando la tela entre sus pantalones.

Taemin amplió más su sonrisa, y entonces busco con velocidad la mente de Changmin, al parecer estaba terminando de vestirse.

°Hola…°

Changmin paró en seco todo movimiento, concentrándose en la vocecita de taemin.

°Hola…° respondió con seriedad escuchando la risita impertinente del chico.

°Adivina, justo ahora estoy frente a alguien que tal vez te gustaría ver…°

-Bueno entonces dejemos las formalidades, Minho…-murmuro el pequeño demonio con malicia acercándose poco a poco al menor.

Changmin se tenso visiblemente, enfureciéndose hasta niveles insospechados.

°Que estas tramando no te acerques a él° deslizo la amenaza con un siseo aterrador, que amplió la sonrisa de Taemin.

°Yo solo cumplo su deseo…° le respondió comenzando sonreírle de forma pícara a Minho.

°Mentiroso, ¡¡no te atrevas a dar un paso más!!° rugió con unas increíbles ganas de estrangular a ese niño.

-¿Minho estás seguro de hacer esto…?-indago Taemin con una expresión acongojada.

-Sí-respondió con determinación.

°Te lo dije° respondió con burla, acercándose a Minho rodeándole el cuello con uno de sus brazos.

-…aún si el conde lo presencia todo?- Minho tembló e intento gritar y alejarse, estaba sorprendido pero ahora ya no podía moverse y Taemin iba a morderlo, su pulso se acelero y sus piernas comenzaron a flaquear.
Solo eso basto para que Changmin se disipara y apareciera afuera de la habitación abriendo las puertas con brusquedad, ingresando con una furia innegable, y abrazo a Minho con todas sus fuerzas antes de que cayera, mientras su mirada se tornaba escarlata y peligrosa haciendo retroceder al pequeño Taemin…

-¿A qué se supone que juegas…?-hablaron a las espaldas de Tae.

-Jinki…-murmuro, girando a verlo.

-Discúlpalo Min, la linda setita tiene mucho tiempo libre…-

-¿Y de quién crees que es culpa?- haciendo una mueca.

Jinki levanto una ceja confundido, sonriendo de la misma forma en que Tae lo hacía.

-Supongo que debo arreglarlo- murmuro sacándole un fuerte sonrojo, tras mostrarle una sarta de obscenidades de ellos dos como protagonistas.

°Deben hablar…° dijo jinki antes de salir de la habitación, seguido de un avergonzado Taemin.

Changmin apretó más hacia sí la fisionomía de Minho, quien estaba aturdido y frustrado, más aún así se alejo del mayor de un empujón.

-¿Qué intentabas?-pregunto changmin en un murmullo aterciopelado, frío, sin ningún tipo de expresión en él rostro.

Minho solo permaneció en silencio, no tenía caso discutirlo ahora, changmin estaba enardecido y realmente no tenía una excusa para darle, lo mejor sería salir de ese lugar en ese instante, algo inseguro y temeroso comenzó a alejarse hacia la puerta, bajo la escudriñante y furiosa mirada de Changmin, quien estaba muriéndose de celos, no lo permitiría, no permitiría que nadie le pusiera una mano encima de nuevo a parte de él.

-Lo siento…- murmuro a punto de llorar tomando entre una de sus manos la manija de la puerta.

-Un lo siento no soluciona nada, porque eres tan irresponsable, acaso no sabes ya a lo que te enfrentas, no eres un niño, más sin en cambio te comportas como tal, y me dificultas la tarea de protegerte, acaso has pensado en ¿cómo estará nana?…-Dijo changmin en reclamo, impotente, por no poder anticipar este tipo de situaciones, frustrado por no poder gritar lo que sentía.

Minho se mordió los labios y la tibieza de las lágrimas le mojo el rostro, sus manos se volvieron puños y se volvió molesto hacia el mayor.

-¡¡Pues yo no te he pedido que me protejas!! ¡¡Claro que he pensado en nana!! ¿Acaso crees que soy igual de egoísta que tú?-le reclamo con un sollozo escapándosele de entre los labios sorprendido y sorprendiendo a Chang, al final había terminado explotando.

-¡¡Si yo me comporto como un niño a ¿quién crees que se lo he aprendido?!!-le pregunto irónico limpiándose las lagrimas.

-Sí, simplemente no querías convertirme, bastaba con decirlo, por lo que puedas pensar estaba preparado para una respuesta como esa…- un fuerte y más doloroso sollozo interrumpió su frase, desviando la mirada de Changmin quien no salía de su asombro, intentando respirar para lo siguiente que iba a decir.

-Se me está terminando el tiempo…Yo no quiero ser un vampiro ni por el poder ni por la vida eterna…incluso aunque no me ames…-Changmin quien se había mantenido impasible sintió morirse tras escuchar esa frase, tan descuidado, tan egoísta…

-yo…yo…no puedo permitirme morir…aunque me alejes de ti…aunque al final termines odiándome…Porque sería feliz incluso sabiendo que tú estas respirando el mismo aire que yo, aún si hay un océano separándonos…porque tu estarías vivo, porque yo estaría vivo… y porque el hecho de amarte como lo hago no habría sido una mentira, aunque para ti lo que yo sienta no sea más que infantil, tonto, inmaduro y quizás otro más de mis caprichos…-

El moreno entonces elimino el espacio entre ellos, lo tomo de la cabeza e hizo que la colocara sobre su pecho, sintiendo al instante las manos temblorosas aferrarse a su camisa, mojando con su llanto la tela.

-Respira Minho… siempre que te alteras olvidas hacerlo…-le murmuro con suavidad acariciando distraídamente la piel del cuello, sonriendo sin poder evitarlo.

-Ya no llores…-le incito con tono dulce y entonces recibió otro empujón por parte de Minho quien lo miro todo triste y vulnerable.

-¡¡Como…si ahora… pucgdiera ah parar!!- le recrimino hipando de forma lastimera, con la cara roja y los ojos hinchados frotando con sus ropas su rostro para mantenerlo seco.

-¿Y…porque… te ríes…?-pregunto sin poder controlar el flujo de las lagrimas.

-Porque ya no puedo evitar hacerlo…-le contesto ampliando su sonrisa, y tomándolo de las mejillas lo acerco a su rostro besándolo con toda la euforia de la que era presa en ese momento intentando así menguar el llanto del menor, quien estaba sorprendido y avergonzado con los ojos abiertos de par en par sintiendo después esos elegantes dedos retirar con cuidado la humedad de sus mejillas, con ese simple gesto le devolvió el alma al cuerpo, arrepintiéndose de haberle gritado así, pero alegrándose de haberlo hecho sino nunca se habría decidido a besarlo como lo estaba haciendo ahora permitiéndose liberar las ultimas lagrimas del día para después cerrar los ojos sintiendo su corazón latir desbocado y al mismo tiempo recuperar el calor que creía perdido, alejándose con lentitud, mientras el hipo seguía atacando a Minho quien mantenía los ojos cerrados temblando ligeramente.

Changmin sonrió un poco más y se agacho un tanto saboreando el último cristal que resbalo del rostro del pequeño, regalándole suaves besos en las mejillas sin dejar de acariciar la cremosidad de la piel contraria con sus dedos, una vez frente a los labios de Minho se sintió libre de profanarlos regodeándose en la suavidad y en la ternura al ser el primero y también el último en tener a Minho de esa manera, porque era suyo al igual que él le había pertenecido desde siempre. Y entonces se animó abrió los labios con delicadeza y deslizo su lengua dentro de la húmeda y caliente cavidad, encontrándose a su torpe compañera indecisa y temerosa, pero ansiosa.

Changmin se dejo caer sobre la cama sentándose en la suave superficie, llevándose a Minho con él quien termino a horcajadas sobre sus muslos, correspondiendo el beso agitado aferrándose inseguro a los fuertes hombros de Changmin quien deslizo sus manos por su espalda, abrazándolo de la cintura, se separo un momento con un curioso chasquido mirando a la luz para su oscuridad, regalándole un tierno beso sobre la frente antes de bajar decidido por el cuello, alterándose visiblemente cuando dejo una lamida provocativa sobre la zona, percibiendo el flujo de la sangre aumentar bajo la piel, bajo sus labios, dejando escapar un tibio suspiro que estremeció a Min chan de pies a cabeza, cuyas manos se deslizaban sobre su pecho con caricias sinuosas e inconscientes, acelerándole el pulso, con la mirada escarlata y el deseo a flor de piel sus colmillos aparecieron arañando levemente la piel, electrizando sus cuerpos con placenteros escalofríos, bajo un hipnotizante y adormecedor ímpetu que los elevo más allá del cielo cuando los blancos y puntiagudos colmillos atravesaron la dermis llegando al flujo sanguíneo comenzando a saborear la sangre que se deslizaba caliente por su garganta, ajenos a todo, dejándose llevar iniciando la consumación de su unión, porque ahora en ese instante nada era más importante que los colores bailando a su alrededor.

La presión sobre el cuerpo de Changmin aumento, siendo secundado por un quejido de los labios del menor, al sentir la zona quemar después de que el mayor se alejara, encontrándose presa de esa mirada salvaje que le inundo el cuerpo de un sofocante e irreconocible placer, sintiendo contra si las reacciones del cuerpo bajo él, gimiendo más audiblemente al ver a su hyung rasgar sus labios para después besarlo haciéndolo beber su sangre, y observo unos instantes el rostro apacible de su sensual vampiro al besarlo, asegurándose de estar aferrándose a una eternidad con Changmin, antes de ser recibidos por la suavidad de esa cama con su hyung sobre él mientras las inmaculadas sabanas se oscurecían velozmente después que el fino hilo escarlata que escurría del cuello de Minho chocará contra ellas.

Estaba mareado, parecía a punto de asfixiarse, pero no podía dejar de besar a min, a quien sentía forcejear son sus ropas, era consciente de todo y nada, el hábil deslizar de los tibios dedos entre los botones de su camisa, que no espero fuera rasgada con salvajismo, cuando una contracción ardiente lo hizo quedarse quieto, muy quieto, sintiendo esa suave respiración golpearle el rostro.

Changmin aún mantenía un conflicto interno, por eso precisamente no quería morderlo aún, cada roce era un incentivo explosivo para elevarlo a la cúspide del placer, cualquier sonido era incitante, las piernas de Minho producían un imperceptible siseo para cualquier otro pero que para él era escalofriante y sensual, el chocar de sus salivas lo despertaba de su letargo, y la vibración de ese cuerpo al más liviano de sus toques no podía hacer más que encenderlo.

-No puedo controlarme…-hablo frente a su rostro con la voz extrañamente grave dirigiéndole una mirada intensa, que hizo temblar a la persona bajo el reaccionando un poco percibiendo los estragos de la mordida en su cuerpo, que eran liberados con muy suaves gemidos, que se intensificaron una vez sus labios volvieron a encontrarse.
-Hmn…-un quejido sofocado pero audible escapo de Minho cuando las caderas del mayor se posaron sobre las suyas.

-Puedes sentirlo, ¿no es verdad?...cada parte de nuestros cuerpos reacciona al otro, y lo haría aún si realmente no lo quisiéramos…-La voz de Changmin era una bruma sensual y ligera que penetraba profundamente por los poros de su piel, los besos se extendieron cortos y ligeros pero aún así cada uno era una marca más para su alma.

En respuesta Minho se arqueo rodeándole la cabeza y acariciando el cabello, momento que aprovecho Chang para rodear con su boca la piel que le era ofrecida, tenues lamidas sobre el cuello y sobre el pecho desnudo, parando sobre el sensibilizado botón tironeándolo con los dientes, escuchando satisfecho esos inentendibles quejidos placenteros, deslizando sus manos por los costados para terminar de retirar la camisa que yacía manchada de sangre.

Sintió leves tirones sobre sus ropas y se incorporo un poco para ver a Minho terminar de desabrochar su camisa, que salió volando de su cuerpo para perderse en algún lugar de esa ajena habitación, y tiró un poco más desesperado de lo que se creía de los pantalones del menor, lo quería desnudo…lo quería desnudo contra su cuerpo y se maravillo sintiéndose pesado de repente, tocando la visiblemente sonrojada piel del moreno deslizando sus manos con enternecedora e hipnotizante lentitud entre las piernas encontrando la zona húmeda y caliente, dispuesta y necesitada, demasiado necesitada…

Las caricias sobre su semi erección eran como fuego líquido que se deslizaba por sus venas, su mirada volviéndose turbia, su boca salivando en exceso y esos brillantes ojos observándolo con apremio, a punto de devorarlo, haciéndolo sentir especial… avergonzando…haciéndolo temblar y respirar agitado, cuando las manos de Changmin lo acercaron a su pecho.

°Anda debes hacerlo…°

Minho suspiro sobre la bronceada piel arañando levemente con sus dientes, mirándolo inseguro, entonces Changmin hizo más notable la caricia sintiéndolo aferrarse a sus bíceps y lo obligo a morderlo una vez llego al cuello, saboreo el delicioso liquido sin dejar perder ni una sola gota, enardeciendo al animal salvaje e instintivo que vivía dentro de min, acaricio los muslos y los tomo con fuerza entre sus manos levantándolo para tirarlo sobre la cama, regalándole una sonrisa de Casanova (*O*), escuchándolo gemir insanamente, no pudiendo ignorar el latigazo de placer que los asalto al mismo tiempo, haciendo vibrar sus cuerpos y temblar sus corazones.

Minie lo acerco sin delicadeza hacia su cuerpo, ignorando la incomodidad en sus pantalones, mientras esos rojos labios se entretenían lamiendo los pezones que dolían tras cada caricia por lo duro que se encontraban, las piernas del menor se abrieron un poco y sus pies se apoyaron sobre la cama, con el cabello húmedo y el sudor deslizándose de entre los pliegues de su piel, aferro las telas entre sus manos, sin mirar por más de unos segundos el rostro de Changmin, se sentía demasiado expuesto y no quería perderse en la profundidad de esa mirada, aún no…

Siendo quién y lo que era, esa sumisión y pasividad en Minho era una clara invitación a tomarlo sin mesura, suyo, sin miramientos ni contemplaciones, un beso salvaje fue el que inició después de deshacerse de sus pantalones, rozando muy levemente su miembro contra la sedosidad de la entrada, simulando sin quererlo una lentísima penetración, recibiendo un jadeo ruidoso sobre sus labios, sintiendo la humedad entre sus cuerpos, aumentando los temblores y la intensidad de las sensaciones.

Chang lo tomo sin previo aviso con más fuerza de la necesaria por las caderas, abriendo la piel en el proceso, dejándola rojiza y que las gotas escarlata se mesclaran con el sudor de sus cuerpos impregnándose en las mantas, provocando murmullos delirantes en el menor quien sacudía el rostro levemente intentando controlarse, cualquier caricia de Changmin podría llevarlo al orgasmo en cualquier momento, y no fue plenamente consciente de nada hasta que su miembro se vio apresado por la humedad de Chang, quien al final se aburrió de torturar los pezones y se afianzo fuertemente de sus muslos, tragando su miembro sin vergüenza alguna.

-Changmin!!!!!-Grito de forma ensordecedora sentándose de golpe clavándole las uñas en los hombros, todo era tan intenso, tan irreal, tan fuera de sí, aun temblando se descargo sobre los labios del mayor, respirando de forma demasiado irregular, desplomándose sobre la cama con torpeza y una expresión tan erótica para el mayor que tuvo que morderse con violencia antes de entrar en el sin más.

Min chan se volvió hacia él con la mirada cristalizada para envolverlo entre sus brazos besándolo lenta y torpemente, robándole el aire, su propia esencia mesclada con la sangre del mayor, inundándose de un ardiente libido que lo hizo jadear en medio del beso, lamiendo con deleite la herida sobre los labios del mayor, la sangre fluyendo y la temperatura aumentando a prisa y Minho sintió todos sus sentidos trastabillar, encerrando impulsivamente al mayor entre sus caderas y la cama, apoyándolo en la cabecera perdiendo el control de su cuerpo deslizándose por sobre el cuello y el pecho, donde disfruto jalando y saboreando los pezones de su vampiro, haciendo presión intuitivamente sobre los músculos que se encontraban tensos por semejante atención, deslizo la calidez de su lengua por sobre el ombligo y se sonrojo cuando escucho el gutural gemido que soltó Min, suspirando nervioso antes de bajar un poco más besando el vientre, Changmin comenzó a agitarse eso era mejor que las obscenidades inducidas por cenar demasiado, el tierno musculo se deslizo por sobre su hombría dejando húmedas y tibias caricias sobre la punta sintiendo el falo palpitar ansioso, algo temeroso siguió besando el erguido miembro preguntándose que hacer después, sonrojándose violentamente tras obtener respuesta pues las manos de Chang llegaron a su cabeza y comenzaron a masajearla lentamente decidiendo entonces perderse, excitando y excitándose, sintiendo de nueva cuenta esa fiera y encendida mirada sobre sí, aumentando los movimientos… las succiones…las caricias insinuantes rasgando las fuertes y tensas piernas del mayor, quién embestía ligeramente contra su boca…

-Aghhfm… Min… Minho…- y alcanzo el éxtasis de forma sobrenatural sobre esa deliciosa boquita, absorbiendo todo y nada, recibiendo gustoso esos labios que lo hubieran hecho temblar, acelerándose nuevamente presionando todo a su paso cuando sus labios se fundieron de nuevo en una caricia profunda, acariciando el redondeado trasero colando juguetonamente un dedo en el estrecho y virginal pasaje, sobresaltando al sometido, obteniendo nuevos y más profundos araños sobre su tórax y palpitaciones estimulantes en ambos cuerpos.

Recostándolo suavemente para llevarse entre sus labios el salado sabor de la transpiración, chocando con esa cadena que nunca le pareció tan hermosa como en esos breves y místicos instantes…

-Hyung… despacio…-dijo atontado con los colmillos asomando de entre sus labios brillando en sudor, pues los deliciosos aspamos se esparcían hacia todo su cuerpo desde su entrada que era acariciada sinuosa y mimosamente por Changmin. Quien delineo con los dígitos de su mano libre los labios del menor introduciéndolos al tibio lugar, Min chan cerró los ojos y comenzó a lamer y mordisquear con cariño, humedeciendo las extremidades dejando que un poco de saliva escapara por sus labios, cuando la punta de su miembro era estimulada por los ávidos dedos de su amante que húmedos por el sudor lo torturaban produciendo leves quejidos que se amortiguaban al chocar contra los dedos que seguían dentro de su boca, mojándolos más ávidamente, aspirando solo la esencia de Changmin que lo aturdía y al mismo tiempo lo relajaba para lo que venía.

Changmin retiro sus dedos, deslizándolos con dulzura por sobre el pecho, humedeciéndose los labios tras verlo arquearse acompañado de leves contracciones que le cortaban la respiración, mientras abría sus piernas para el mayor con una pasividad exorbitante y tocaba con cariño el vientre sonriendo cuando sus miradas se encontraron.

-Changmin…-murmuro de forma ahogada. Sus ojos se cerraron con fuerza arqueándose de forma insana cuando dos dedos se adentraron con desespero en su interior levantándose del colchón tensándose fieramente dejando escapar un silencio quejido lastimero, seguido de muchos suaves gemiditos más y un sutil acompañamiento de caderas, sintiendo un delicioso hormigueo expandirse hacia el frente, cohibiéndose tras ser consciente de esa penetrante y lasciva mirada…

Todo a su alrededor parecía un desfile de sentimientos, mientras como si fuesen palpables, la pasión, el amor y el erotismo eran extensiones de sus propio cuerpos que se deslizaban y enredaban en la atmosfera de esa habitación jugando con ellos sobre esa culminación placentera de cariño y amor; aspirando, viendo, probando, sintiendo…¡sintiendo!...

Porque por dios nunca se había sentido tan invadido de calor solo por un beso, una caricia, un abrazo…

Y las lágrimas escaparon del chico enredado entre las sabanas, porque por una mirada tan intensa y llena de sentimientos como la que le era dirigida en esos momentos el morir no parecía tan malo…

°No, no puedes…° un suspiro acompañado de un suave jadeo.

°Porque ya eres mío…° Y de nueva cuenta se sorprendió mirando algo arrepentido al mayor que lo observaba con una especie de adoración aun entre sus caderas masajeando sutilmente la sedosidad de las piernas , apreciando los escalofríos sobre la sensibilizada y mojada dermis.

-Vamos…-murmuro Chang con caballerosidad, tomando al menor de ambas manos sentándose sobre unas cuantas almohadas colocándolo sobre sus piernas acariciando el rostro y apartando el cabello.

°Con cuidado…° Y esa petición le arranco una sonrisa boba al mayor.

Un tierno y limpio beso dio inicio, deslizándose de forma errática sobre la dureza del mayor, quien lo ayudaba sujetándolo de las caderas con firmeza dejándose dominar por su instinto, cayendo con brusquedad, arrancando otro de esos roncos gemidos de changmin escuchando un extraño gruñido, pues Minho le araño toda la espalda mordiéndolo sin cuidado y al mismo tiempo asfixiándolo con brazos y piernas terminando de liberar su exaltación sobre el musculoso cuerpo de su hyung, quien por cualquier medio intentaría no perder el control aunque su miembro doliera, aunque su cálido interior se siguiera cerrando sobre él y esa respiración errática le golpeara el lóbulo estremeciéndolo de apoco una vez se hubiera cansado de morderlo.

Con calma salió un poco embistiendo ligeramente, besando sus ojos y sus mejillas, ignorando el dolor de su espalda, dando un empujón más certero y profundo buscando encontrar el ritmo que los volvería locos, obligando a Minho a gritar y jadear profusa y roncamente acoplándose en un dos por tres al movimiento que el moreno le imponía, olvidando el dolor aumentando la cadencia rompiendo la tranquilidad…

Minho saltaba con violencia sobre el más grande, fuera de sí, cegado por la lujuria que se despertaba en él al tener de esa forma a Changmin, una embestida profunda los hizo gritar a ambos desplomándose sobre la cama, Changmin embistiendo con potencia levantando las caderas guiado solo por lo que sentía encontrando con mucha facilidad el punto dulce en el interior de Minho, quien se arqueo y flexiono las piernas dejándolo entrar con más fuerza y profundidad a su cuerpo.

Abrazándose a él con fuerza volviendo a rasgar la piel de la espalda cuando la tibieza de la sangre se deslizo de entre sus piernas, incitando, induciendo, besándose con desespero, temblando tras aspirar el almizclado aroma que los envolvía, mezcla de sus propios fluidos corporales.

Una mirada, un último beso y una fortísima embestida que los elevo al cielo y los tiró sobre la cama apenas pudieron reproducir un sonido ahogado y ronco de sus gargantas.
La deliciosa intromisión termino dejando salir todo en la cavidad de Minho, marcándolo, para después salir con cuidado dejando que las sabanas absorbieran las pruebas de su encuentro con velocidad.
Minho se abrazo con ternura al mayor mientras tanto changmin jalo un extremo de la sabana sucia sentándose y llevándose consigo al moreno, limpiando cuidadosamente la zona sintiéndola levemente irritada, para después hacer lo mismo en su cuerpo, lanzando después la sabana sucia lejos de sus cuerpos, apresurándose en abrazar y mimar al tierno gatito que temblaba con una sonrisa en los labios encima de él, envolviéndolos a ambos con una ligera pero suave colcha, suspirando demasiado…vivo…

Mirando por entre las cortinas semi abiertas al sol ocultarse con maravillosos colores iluminando el espectáculo y removió un poco a Minho después de besarle los hinchados labios, pues dormitaba sobre su cuello.

-Ya no podrás verlo…-le murmuro con suavidad enredando sus dedos entre la humedad de ese cabello, indicándole la ventana.

-Ya no lo necesito…-le respondió sin mirar hacia la ventana abrazándose aún más a él.

-Ahora mismo estoy entre sus brazos…-terminó su frase besando el pecho, sobre el corazón, cerrando los ojos preparándose para dormir.
-Te amo…-mascullo medio dormido.

°También te amo…°

Changmin beso su frente y acaricio con cariño la cadena que rodeaba el cuello del menor, antes de cerrar los ojos y que las gruesas cortinas negras se corrieran evitando la entrada de la luz, pues la calidez que se percibía dentro de esa habitación no tenía nada que envidiarle al hermoso astro, cayendo dormidos el uno sobre el otro, juntos…ahora y para toda la eternidad…

~*Fin*~




Extra XD

-Jinki lo hicieron en mi cuarto…-murmuro taeminie sobre el pecho del castaño, jugueteando con la piel desnuda con un enternecedor pucherito en los labios.

-Supongo que después de 200 años ya va siendo tiempo de que duermas conmigo…-respondió el aludido con una sonrisa socarrona, besando con cariño la naricita del honguito.

-Pervertido…-murmuro mordiendole un pezón.

-hm…pervertidos ellos que lo hacen en casas ajenas…-respondió tomando la carita de Tae dándole un beso profundo.



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